La 13º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que reza así:
1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.
2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.
En el transcurso de la historia hemos tenido movimientos migratorios de toda clase, uno de los más importantes para nuestro continente fue el que casualmente pobló estas tierras de españoles, italianos, alemanes, portugueses, franceses, holandeses y demás. Por su puesto que toda esa mixtura de naciones debe de haber traído sus complicaciones, varias naciones reunidas en pocos territorios, cada una con sus raíces, tradiciones, costumbres, lenguas. Y aquí estamos nosotros, quienes en América del Sur somos casi todos mestizos, cruza de razas, español con italiano entre los más comunes, de allí en más las mixturas son infinitas. A medida que pasan los años ya no somos más hijos de inmigrantes, somos nosotros mismos con nuestra propia nacionalidad, se van diluyendo los árboles genealógicos y ya son muchos los “tatara” que hay que nombrar para recordar quién de los antepasados pisó estas tierras.
Hoy esta movida es a la inversa. No con el fin de poblar nuevas tierras, pero sí con la intención de prosperar, de tener una vida digna, muchas veces de escapar de crisis económicas y de subempleos como ha ocurrido con Argentina.
Según un sondeo realizado por el International Herald Tribune el 45% de los entrevistados en España considera que hay “demasiados” inmigrantes en el país mientras que sólo un 28% opina que el número de inmigrantes es “más bien correcto”. Aparte, el 77% de los españoles es partidario del establecimiento de cuotas en el número de inmigrantes que entran en su país.
Cruzando el charco un 59% de los estadounidenses ven a la inmigración como una “ayuda” y no como un fenómeno “perjudicial”. En Estados Unidos se encuentra “la única población” que responde positivamente a la pregunta sobre si considera o no un “éxito” la integración de la población inmigrante. Así lo hace un 43% de los encuestados.
En Francia, Reino Unido, Italia y Alemania, la amplia mayoría de los ciudadanos piensa que “la integración no se está realizando bien”. Así responden el 56% de los franceses, la mitad de los británicos, el 52%de los italianos y el 58% de los Alemanes. En todos estos países, según el diario, la población inmigrante es mayoritariamente de “origen musulmán”. En España, el 62% cree que la integración de los inmigrantes de origen latinoamericano no está siendo “ni un éxito ni un fracaso”. (Diario ADN)
Realmente la situación es comprensible. En nuestro país hemos tenido también inmigración, y cuando la misma proviene de tierras diversas como China por ejemplo, realmente se pone difícil la integración. Aquí no se trata de hacer una defensa total del inmigrante ni del país de residencia. Cada uno tiene sus puntos débiles, creo que la integración no se efectúa cuando por ejemplo los inmigrantes arriban y dejan un pie en el país de procedencia. Por ejemplo: parte de sus familias quedan en su país sin ánimo de traerlos, no se integran a la cultura del lugar de residencia, no les interesa interactuar socialmente, muchas veces ni siquiera están interesados en hablar el idioma. Esta es la inmigración que definitivamente no favorece más que al inmigrante.
En países como EEUU, en donde la personalidad nacionalista es muy acentuada, los inmigrantes ya se pusieron la camiseta, de modo que no sé hasta dónde hay una buena integración, pero definitivamente el trabajo le sirve al Estado.
Hoy varias situaciones son a la inversa: Europa está recibiendo un aluvión de inmigrantes (en su mayoría musulmanes según el estudio), y Argentina se está convirtiendo en una nación con varios satélites en diversos lugares del planeta. (Comunidad de Argentinos por el mundo)
Yo por el momento estoy aquí, en mi país, con doble nacionalidad, sin pasaporte, sin raíces tan profundas que me impidan irme a otro país, aunque soñando que la vez que me vaya sólo sea como turista, porque en algún momento y pese a que nosotros tenemos que remarla más que en otros lugares, siempre se extraña el olorcito del hogar.
Bellísimo tema de Joan Manuel Serrat sobre dos amigos que toman distintos caminos.
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Juan y José
Juan y José
sentados contra el moro del frontón
hacían planes mientras reponían fuerzas.
Dudaban
entre ir a la escuela o al río a pescar,
cuatro cangrejos para la merienda.
Nadie jamás
vio amigos más unidos que esos dos
que a un tiempo descubrieron
el fuego del licor, el brillo del dinero,
el automóvil, el cine y la mujer.
Tibio era el Sol,
ancha la mar
y el mundo aún
por estrenar.
A Juan y José
se les acabó pronto la niñez
segada con la mies, pisada por los bueyes.
Y mientras José
tomaba los caminos de la mar
el otro le despidió desde el muelle.
Del que se fue
llegaron cartas con olor a ron
cargadas de promesas
que Juan leía mientras ponían la mesa
y releía sin prisa en el café.
Caña dulce,
mamey colorao
verde la palma,
blanca la garza,
con un ojo abierto, en la charca,
vigila el caimán.
Cómo puedes conformarte, Juan
con un solo cielo si hay toda una América
del otro lado del mar.
José viajó
de las Antillas a la Cruz del Sur,
Huaquero en Fundación, buhonero en la Puna,
cafisho
en un quilombo flotante en el Paraná,
y con los años llegó a hacer fortuna.
Juan se quedó
trabajando la tierra y se casó
con su novia de siempre.
Después los años discurrieron mansamente . . .
Frio en invierno y en verano calor.
Tibio era el Sol
los días que
llegaban cartas
de José.
Juan y José
volvieron a encontrarse en el frontón
medio siglo después, y como si tal cosa
Juan preguntó:
A cuál le vas . . . azul o colorao . . . ?
y respondió el indiano:
Al que vaya esa moza . . .
Qué cosas, Juan,
tanto rodar y estamos otra vez
en donde lo dejamos . . .
Pero a ti, Pepe, que te quiten lo bailado . . .
Y gracias, Pepe, por llevarme a bailar.
Caña dulce,
mamey colorao.
Tú cabalgabas y yo iba a la grupa
en las largas tardes junto a la estufa
del viejo café.
Con las alas de tus cartas, José,
atravesé todos los cielos de América
contigo,
amigo.
Joan Manuel Serrat
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