Nueve de la noche, tal vez nueve y media.
La jornada no distaba mucho de cualquier otra laborable, trote a la mañana temprano, bancos, mostrador, clientes quejosos, recomendaciones, números y llamados por teléfono.
Sobre la hora pautada de cierre -20 o’clock-la puerta tuvo que hacer un esfuerzo para cerrarse. Tengo la sensación de que tal vez quedó algún cliente aplastado o escondido en la bisagra. Mientras tanto mi persona trataba de esconderse de los invasores en algún otro recoveco para terminar las tareas pendientes.
Mi refunfuño constante no hacía más que empeorar el hecho consumado del cambio de horario.
Trabajar de sol a sol era ya una utopía, mi reloj apuntaba que era hora de retirarse a los menesteres del hogar.
En la calle un sinfín de personas seguía el pulso de la luz del día, desorientados en sus horarios y rutinas.
En una esquina céntrica, un habitué de la noche, hacía tiempo para tomar el drink diario sin tener que entrecerrar los ojos.
En las calles barriales, la gente estaba amotinada en sus veredas negándose a cenar hasta que no callera la noche.
Mientras espero estos días para recuperar mi hora robada, deseo que realmente estos detalles sean sólo eso, que mi factura de la cooperativa eléctrica venga reducida y que hagamos una contribución seria al ahorro de energía eléctrica.
Links de actualidad sobre el cambio de horario:
El comercio sanjuanino atiende de 17.30 a 21.30
Santa Fe: comercios rechazan el cambio horario
El cambio de hora causó trastornos hasta al momento de tomar sol
Traerá trastornos biológicos el cambio horario
perro1970, huso, horario, cambio, argentina, costumbres
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