“Ecléctico, Serrat en el año 1975 en que Franco agoniza, no desperdicia oportunidad de retratar otro tabú escondido tras las buenas maneras burguesas de la oficialidad y dedica otra canción a un conocido meublé barcelonés llamado La casita Blanca, refugio de historias tan prohibidas, clandestinas y secretas como la buena parte de la realidad barcelonesa”.
Así nos dibuja Margarita Riviére este tema de Serrat en su extenso libro “Joan Manuel Serrat”.
Y sigue…
“Franco se moría, pasó semanas agonizando y teniendo a los españoles pendiente del parte firmado por el equipo médico habitual, pero los obreros iban a la obra y los burgueses perdían calzoncillos en la Casita Blanca“.
Luis García Gil en “Serrat, canción a canción” es un poco más preciso en cuanto a su ubicación:
“Este lugar se encuentra en la parte superior de la plaza de Lesseps del lado que da a la Avenida del hospital Militar. Toda esta geografía de sentimientos huidizos es transmitida en una canción de extraordinaria hondura que discurre con lentitud, sin prisa, como si tratase de un adagio, donde cada palabra halla su sentido lírico.”
La cuestión no queda nada más que en el tema, por demás bello.
Sino en que la Casita Blanca aún existe. Un poco más aggiornada y hasta con página en Internet, el lugar en estos momentos estaría en planes de demolición. (Noticia)
Desde su página nos cuentan, no sólo las tarifas y comodidades, sino también una parcela de su historia:
“La Casita Blanca, es el establecimiento más antiguo de estas características, del que se tiene noticia. Comenzó a funcionar como una marisquería ya hace casi un siglo y, ya entonces, se ofrecía un servicio similar al actual. Mientras en la primera planta se servían mejillones a la marinera, en la segunda, las parejas podían dormir la siesta después del banquete. Durante el año 1912, el antiguo edificio fue derribado para construir el actual en el mismo espacio, destinado al alquiler de habitaciones.
Desde entonces, la Casita Blanca se ha ganado el respeto de la ciudad. En las memorias de la Casita Blanca, existió un año fatídico para el establecimiento, 1969, cuando en virtud de una ley promulgada por las Cortes Franquistas, las autoridades lo cerraron.
Pasaron siete años antes de volver a ser abierta y mientras, se mantuvo latente en la memoria de los barceloneses, que acogieron muy bien su reapertura.
La relación de la Casita Blanca con el entorno de Gràcia, ha sido siempre de lo más respetuosa. Como testimonio mudo de la época, se ha mantenido siempre en su sitio, sin estridencias, ofreciendo el mutismo de puertas afuera. Pese a todo esto, hoy continuamos donde siempre, ofreciendo nuestro servicio con la profesionalidad y elegancia que aquellos que nos visitan saben reconocer. Continuamos ocupando el mismo espacio, no solamente en la ciudad, sino también en el corazón de los muchos barceloneses que nos visitan y saben porque la Casita, es uno de los establecimientos más famosos del gremio.
Como escribió una periodista: “la revolución tiene el ‘fossar de les moreres’, el arte tuvo y vuelve a tener al Liceo, el amor inconfesable, tiene la Casita Blanca (…) Es el banco de las sensaciones intransferibles, de secretos que han ayudado a disfrutar y vivir la pasión de una ciudad sin distinción de sexos, dignificando el sexo.”"
amable y romántico,
el amor fue amo y señor
y hoy bajo su alero
no anidan más pájaros
que las palomas donde da el sol.
por tener terraza de sábana inquieta
o quizá porque
el amor furtivo
tiene ojos de amigo
y pluma de poeta y en sus pasillos
extravió unos calzoncillos.
y por un precio módico
aquel desliz madrugador,
cuando ella con la compra
y usted con el periódico
desayunaban incierto amor
el lenguaje tibio de la ropa blanca.
Cuando los bolsillos
rebosaban besos.
La Casita Blanca
le proporcionaba
donde encerrar un secreto.Un mundo de espejos
a media luz pálida
y un perfume familiar
que se acurrucan contra
la puerta metálica
que ha clausurado la autoridad.
Los vecinos hablan… Las brujas retozan…
y un par de pichones huye al descampado
y un viejo ex-cliente,
pura sensatez,
hace bloques de
pisos amueblados
en un tono rosa.
Pero aquello era otra cosa.
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