Hay que tocar
los confines del agua por si hay tierra
y conquistar
al salvaje animal que tu cuerpo encierra
y declarar
los principios del fin de cada guerra
de la vida”.
Naves quemadas -Luis Eduardo Aute

Hoy me levanté temprano, como siempre. Sobre uno de los laterales de mi casa situada en una esquina, pude ver una alfombra de hojas amarillentas sobre la vereda. Hoy empieza abril, me dije.
Nunca tengo en claro qué me sorprende más: si que cada abril llega más rápido o que las hojas empiezan a caerse antes de lo que creo que deben caerse.
Traté de relajar mi mirada en los colores ocres, pero mis ojos estaban cansados por venir de una mala noche durmiendo al lado de un desconocido. Qué chica puede ser la cama en estas circunstancias!
Mientras trababa de acomodarme, las pocas horas que dormí estuvieron asaltadas por sueños inundados con más desconocidos.
Tal vez este mes trae más balances de los que puedo asimilar, tal vez las hojas que caen también son parte de la piel de mi alma, que pide una mudanza inmediata y una atención clara para que pueda volver a brotar en la primavera.
He pasado casi 38 abriles de mi vida, de los cuales tengo recuerdos de algunos tantos. Abriles muy felices y abriles muy tristes. Pero con la misma sensación constante: la necesidad de meterme para adentro como un caracol que se resguarda de algún agente externo, de volver a la calle de mi infancia para recoger algún sueño extraviado, o de compartir algún tiempo con alguien que me conoció virgen, inmadura y joven.
Este mes va a ser duro y crítico, pero a la vez esperanzador, como la lluvia constante que viene a limpiarlo todo.
Dejaré las hojas en mi vereda, para recordar que bajo mis pies ellas hacen el camino más acolchado.
Mientras tanto sigo decantando…
En la bóveda de la tarde cada pájaro es un punto del
recuerdo.
Asombra a veces que el fervor del tiempo
vuelva, sin cuerpo vuelva, ya sin motivo vuelva;
que la belleza, tan breve en su violento amor
nos guarde un eco en el descenso de la noche.
Y así, qué más que estarse con los brazos caídos,
el corazón amontonado y ese sabor de polvo
que fue rosa o camino-
El vuelo excede el ala.
Sin humildad, saber que esto que resta
fue ganado a la sombra por obra de silencio;
que la rama en la mano, que la lágrima oscura
son heredad, el hombre con su historia,
la lámpara que alumbra”.
Resumen en Otoño – Julio Cortazar
P.D.: es muy improbable que mis cantautores preferidos o mis escritores favoritos entren a leerme, pero como quien tira una cápsula al espacio para la posteridad, me gustaría que sepan que cada uno de ellos me acompaña en distintos momentos de mi vida. No son imprescindibles, hubiese sobrevivido sin escuchar a Serrat o sin leer a Millás, pero sin duda los días hubieran sido un poco más sombríos y no hubiese tenido a quien recurrir cuando uno no encuentra las palabras para expresarse.
perro1970, abril, otoño, cortazar, aute, personal, relatos
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Bienvenida, Perro, al mes de tus amores!
Disfrutalo, encontrate, saborealo…
Lo compartimos!
Georgie
¡Que sea esperanzador!
Un beso
Amo los colores del otoño tanto como los de la primavera…
Pero no puedo dejar de reconocer que el otoño me agarra siempre de sorpresa.
Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo
Y las hojas caían en el agua de tu alma.
Apegada a mis brazos como una enredadera.
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.
Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.
Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma!
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.
poema No. 6 de Pablo Neruda. “20 poemas de amor y una canciòn desesperada”
Gracias Mary, tus aportes siempre embellecen mis posts.
Oliver: creo que a todos nos agarra siempre de sorpresa. Gracias por pasar.