Solace – Giclée on Canvas – Pino
“The lady in red is dancing with me,
Cheek to cheek.
There’s nobody here, it’s just you and me.
It’s where I want to be,
But I hardly know this beauty by my side.
I’ll never forget the way you look tonight”.
Lady in red
Siempre soñé con un vestido rojo colgado en mi placar, sacarlo y caminar por la playa con él, dejando que el viento juegue con él. No un vestido rojo de fiesta, sino de algodón suave al tacto, de color rojo auténtico, mangas cortas, falda larga, género que se adhiera al cuerpo para insinuar que en fin, uno tiene curvas debajo. He visto varios vestidos rojos en mi vida, aunque la verdad todavía no encontré uno que me calzara como la gente. Mientras busco el vestido ideal, leo uno de estos artículos que vienen mezclados con las noticias y no puedo dejar de sonreír. Que el rojo hace a las mujeres más atractivas para los hombres no parece una novedad despampanante, tal vez la desilusión radica en que esa conducta viene en los genes: y si señores: “los primates machos no humanos se excitan cuando las hembras se ponen rojas”. Clarín.com.
Espalda de mujer con rojo – Artista: Deloffre
“Abrió su segundo atado de cigarrillos del día, y recién iba por el mediodía. Ese mediodía raro de nuestros días, en donde el sol no está donde tiene que estar, pero el reloj decía las doce al fin. No maldijo, solo sintió el peso de la desilusión que corría por su pecho. Mientras recordaba alguna estrofa de algún tango siniestro vio la figura de ella reflejada en la acera. La misma que había visto una tarde de verano dejando huellas en la arena de la playa cercana al pueblo. Allí iba, erguida, diosa total, con el paso lento y seguro,
su mirada pegada al horizonte, sus pies descalzos y su vestido rojo que dejaba entrever su piel blanca y contrastante. Su pelo castaño impedía ver su cara en toda su magnitud. Vio sus rulos sobre sus ojos y deseó por un minuto poder corrérselos del rostro y mirarla fijamente a los ojos, y besarla y enamorarla de muerte.
Fue un flash que duró algunos meses de amor furtivo. Nunca pudo desabrochar ese vestido rojo, pero si el resto de sus prendas, botón por botón y recorrer kilómetros de piel como quien camina en el desierto. El cuerpo fue conquistado pero no así su corazón. Y llegó el día en que ella volvió a vestir esa prenda nunca deslucida y mortal. Lo miró a los ojos tan solo para decir que hay etapas que se terminan como inician, en un abrir y cerrar de ojos.
Terminó el cigarrillo, y salió caminando apesadumbrado, sabiendo que todo había sido un espejismo. Hermoso y doloroso, pero en fin un espejismo”.
Chica en un vestido rojo leyendo al lado de una piscina – Artista: Sir John Lavery
Poema Retrato De Mujer de Gonzalo Rojas
“Siempre estará la noche, mujer, para mirarte cara a cara,
sola en tu espejo, libre de marido, desnuda
con la exacta y terrible realidad del gran vértigo
que te destruye. Siempre vas a tener tu noche y tu cuchillo,
y el frívolo teléfono para escuchar mi adiós de un solo tajo.
Te juré no escribirte. Por eso estoy llamándote en el aire
para decirte nada, como dice el vacío: nada, nada,
sino lo mismo y siempre lo mismo de lo mismo
que nunca me oyes, eso que no me entiendes nunca,
aunque las venas te arden de eso que estoy diciendo.
Ponte el vestido rojo que le viene a tu boca y a tu sangre,
y quémame en el último cigarrillo del miedo
al gran amor, y vete descalza por el aire que viniste
con la herida visible de tu belleza. Lástima
de la que llora y llora en la tormenta.
No te me mueras. Voy a pintarte tu rostro en un relámpago
tal como eres: dos ojos para ver lo visible y lo invisible,
una nariz arcángel y una boca animal, y una sonrisa
que me perdona, y algo sagrado y sin edad que vuela en tu frente,
mujer, y me estremece, porque tu rostro es rostro del Espíritu.
Vienes y vas, y adoras al mar que te arrebata con su espuma,
y te quedas inmóvil, oyendo que te llamo en el abismo
de la noche, y me besas lo mismo que una ola.
Enigma fuiste. Enigma serás. No volarás
conmigo. Aquí mujer, te dejo tu figura”.
Poeta chileno nacido en Lebú, Arauco, en 1917.
Estudió Derecho y Literatura en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Fue profesor de Estética Literaria y Jefe del Departamento de Castellano en la Universidad de Concepción. Ejerció la docencia en Utah, EE.UU., Alemania y Venezuela. Organizó a partir de 1958 los famosos Congresos de Escritores en Concepción, reuniendo lo más selecto de la literatura latinoamericana. Fue diplomático en China y Cuba. Perteneció al grupo surrealista reunido en torno a la Revista Mandrágora, 1938 – 1943.
Ha recibido numerosos premios internacionales entre los que se cuentan: Premio Sociedad de Escritores de Chile por «Poesía Inédita» 1946, Premio Reina Sofía de poesía de España, Premio Octavio Paz de México y José Hernández de Argentina, además del Premio Nacional de Literatura de Chile en 1992 y del Premio Cervantes de Literatura 2003.
perro1970, mujer, rojo, vestido, poesia, relatos, gonzalo, rojas, hombres
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