Abrí los ojos, por dos segundos tuve la sensación de que estaba todo bien. Lo primero que ví fue su nombre dibujado sobre el cielorrasos. Estoy bien me dije.
Di media vuelta y el espacio de la cama me hizo ver la realidad. Nada estaba bien. Las sábanas ásperas no hacían más que terminar de abrir las heridas de mi piel. Quise volver a dormirme.






