Las olas y el viento….

Dunas – Anne Packard

El hombre descendió de su camioneta y caminó más de quinientos metros por una explanada de piedra que usurpaba  el mar.

Desde donde yo estaba, alcanzaba a ver las furiosas olas correr por el costado de las rocas, y por un momento  toda la imagen me llevó a pensar en la naturaleza, en su insistencia o en su aparente quietud….

Las olas insistían minuto a minuto con la onda acción del ir y venir erosionando sobre las piedras, mientras que éstas,  a su vez,  parecían resistirse con su quietud imponente, aunque la realidad sería vista por pocos: el cambio se estaba dando aunque era imperceptible visualmente descubrirlo en una tarde.

El hombre se sentó a contemplar su caña y tal vez a escuchar lo mismo que yo.

La totalidad o la nada.

Yo estaba a un día y medio de abandonar un tratamiento preventivo que me estaba matando las neuronas, tal vez por eso mismo era preventivo. De modo que no tenía planeado escuchar nada ya que estaban entumedecidas aún o eso es lo que a mí me parecía.

Me acomodé sobre las piedras, exactamente en un punto desde donde alcanzaba a disfrutar  la inmensidad del resto del mar, el horizonte, infinidad de aves, y el reconfortante reparo de unas pequeñas grutas.

Me dejé estar como hago siempre, en un pequeño acto hacia la naturaleza traté de congraciarme con ella sin hacer grandes gestos,  ni físicos ni de ninguna otra índole. Nada de posturas de yoga, ni otra técnica reconocida de relajación, que seguro para algo sirven.

Solo me senté, trate de abrir más mis sentidos y ahí estuve un rato, dejándome llevar por el vaivén del viento, de las olas, el vaivén de la línea de la tanza que hacia un ruido extraño y por el vaivén de mi vida.

Ahí empezó el ir y venir de pensamientos analíticos y casi siempre pelotudos. Tal vez yo era como la roca que se resistía a la erosión de los otros factores externos, tiempo? O tal vez estuviera siendo como las olas, insistiendo sobre cosas sobre las que aún no se veían las consecuencias, o resultados….

Lone Boat – Anne Packard

Decidí levantarme e ir a buscar lapicera y papel a mi bolso. Mientras escribía –sabiamente  la escritura no deja de ser un acto de catarsis- sentía que mi sangre comenzaba a hacer espuma mientras corría por mis venas. Lo tomé como un buen síntoma – de expresión que se entienda no de un momento cumbre en la literatura- y seguí garabateando parte de las palabras que hoy estoy tratando de decodificar.

Mientras el paisaje ganaba todas las peleas que había en mi cuerpo –me relajó, orientó, descontracturó y me llevó a mi propia nube sin necesidad de tomar alucinógenos- mi cabeza deliberaba interiormente si seguir un impulso, una corazonada, un mandato profesional o mi propia intuición que golpeaba una y otra vez en el mismo punto,  Si, igual que las olas.

De pronto el pescador anónimo se paró, recogió la línea, armó la carnada y volvió a tirar. Esa mañana había enganche como ellos dicen.

Y si…….a recoger los pensamientos y volver a tirar.

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