Mi querido señor:
Hace rato que no le escribo. Entre algunos pormenores que he tenido este último tiempo y acontecimientos fuera de agenda ha ocurrido algo más grave aún. Me he olvidado de su rostro.
Al principio me pareció curioso, luego ya preocupante, ya que por más que yo cerrara fuerte mis ojos y tratara de traer su imagen hasta mí, eso era imposible. Me aparecían otros rostros conocidos a los cuales el título de señor no les cabe ni por asomo.






