Entre Visillos – Elia Haro Carvajal
Helena es cualquiera de por ahí, única, hermosa, mujer, resplandeciente, contradictoria.
Helena brilla y toda su casa la acompaña, devolviendo el mimo de estar en cada detalle. Se levanta con las sabanas blancas a cuestas, para sacudirlas y airearlas, haciéndoles entrar sol por donde sea, estirándolas, acariciándolas, preparando el sueño de la noche de antemano.
Helena se mira al espejo y ve siempre sus ojos y los alrededores. Como un paisaje marítimo que a veces se convierte en vertiente derramando lágrimas. Estepas, planicies, cordilleras y sierras rodean el mar de sus ojos, paisajes erosionados por un sinnúmero de emociones.
Va a la cocina y deshoja una nueva hoja de almanaque, mientras se nutre de un café bebido de a sorbos cortos, como su vida, un sorbo tras otro, dulce, tibio, reconfortante.
Y es cuando corre las cortinas para vestir a la mesa, que todo sonríe, y el blanco del día tiñe los platos y el mantel.
El color? En su delantal. El amor? En la mesa con distintas sonrisas y edades, conversaciones, guardapolvos, tareas, peleas, o al menos el recuerdo de todo eso, como una película en blanco y negro que se reproduce en la retina durante la hora de la siesta.
Helena se ha marchado y ha vuelto, se ha resignado y ha decidido, se ha embarcado y ha regresado a su propio puerto.
Siempre alguien la espera en silencio, alguien que no supo amar ni volver ni pedir perdón ni bajarse del caballo negro del orgullo.
Sale a la calle y sufre, porque cada tanto lo ve de lejos encorvado, triste y resignado. Se vuelve a preguntar durante apenas solo unos segundos, si ella puede hacer algo para devolverle el brillo a su vida.
Luego recuerda, no sin dolor, que todo lo dio y todo le fue pisoteado.
Helena nació para amar, pero también para ser amada.
Mujer Peinandose – Begoña Tojo Varela
www.begotojo.com
Helena – Joan Manuel Serrat – 1973
Hace días que
asomado al balcón
he perdido el jornal
charlando con un gorrión
más aburrido que yo.
O mirando cómo
se deshoja un encinar,
oliendo romero.
Cómo vuelven a florecer
y se vuelven a deshojar.
Hace días que no sé cuantos días hace.
Hace días que me estoy diciendo… mañana
y espero…
y espero.
Viviendo con nada.
Trabajando por nada
y un día como si nada
morirme de nada.
Adiós. Gracias.
En el fondo de un bar
tomándome un perfumado
para calentarme el corazón
mientras llega la muerte
a jugar al subastado.
Hace días que no sé cuantos días hace.
Hace días que me estoy diciendo… mañana
y espero…
y espero…
y espero…
Asomado al balcón
espero.
Desnudando el horizonte
espero.
Espero por Navidad
y por la Magdalena
de día y de noche
que vuelva Helena,
que vuelva Helena…
y es que cuando pasa por mi calle
incluso los geranios le guiñan el ojo.
El aire se vuelve tibio con su aliento
y los adoquines miran hacia arriba,
su piel morena.
Cuando pasa Helena.
Cuando ella mira sabes que la fuente
cuando ella quiere, la da.
Cuando ella llora, sabes qué es el luto.
Cuando ella calla, todo yo tiemblo.
Cuando ella quiere, el amor emprende el vuelo…
Y entre tejados se columpia el sol
y los pajaritos de los cables de la luz
miran celosos como se ríe y se mueve.
Color de larga espera y perfume
de luna llena
mi Helena.
Mi Helena…
pero…
Hace días que
el estar de pie me hace daño,
el reuma me rompe los dedos
y ha huido el último gorrión.
Calles mojadas – Magi Batet Balcells
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Muy bonito, perro, muy bonito…
perro, creo que he pasado por estas calles un forastero de mi envergadura debe pararse y aplaudir este artículo que más de una lágrima vota, déjame sentarme, ……..son 69 años !!
¿Y quién te contó la historia del puerto?
conoces bien a muchas helenas , sí, así es
gracias , bonito regalo
helena