Miércoles por la mañana.
La diversidad servida en el desayuno, justo al lado del jugo de naranja artificial. La luz del día colándose por entre las persianas. Tu mano que se extiende para agarrar el azúcar, y mis oídos que aun no habían despertado a tus palabras. Es que acaso dijiste algo y no lo escuché? Este dato no lo podré precisar.
Una mañana normal digamos. De esas típicas que suceden luego de una conversación nocturna profunda, en donde las palabras pinchan como miles de agujas tratando de generar disparadores en el otro. Aunque si vamos a especificar, técnicamente al hecho de que una sola persona hable aunque sea con público se le llama monólogo, acá y en la China. Los únicos disparadores que puede uno generar cuando la otra persona no quiere escuchar son más bien –volvamos a los tecnicismos- disparos. Usted elige de donde salen.






