La culpa la tiene Chayanne. Bueno, y todos los otros que cantan baladas melosas de ese estilo.
Esas melodías se están tornando un peligro para la población – quiero acotar que el peligro es proporcional al de la sonrisa blanca y simpática del cantante, o a los insinuantes movimientos de caderas y otros atributos que no hacen más que sembrar confusión en las neuronas femeninas- y lo peor de todo es que nadie se da cuenta. Se cuelan por la estación radial a cada momento, y hace que terminemos volando atados de uno de esos pompones de azúcar, que nos llevan a un mundo más rosa y empalagoso aún.






