Encontrando el camino de vuelta

Across The Golden River – Megan Aroon Duncanson

 

Dicen que para volver a encontrar el camino de vuelta al río, nada mejor que beber un sorbo de agua de ese mismo río todos los días. Este elixir debe ser proporcionado por otra persona, de preferencia hermano de pesca. Es la única que podría entender que en realidad no se ha perdido el camino de regreso, sino que temporalmente no se puede volver a transitar.

Pichín Rubio asegura que en la vida, es más importante ser buen tipo que buen pescador. Y luego agrega que él quiere ser “muy pescador” antes que buen pescador. Aquí es donde me doy cuenta que estoy frente a un “muy pescador” de toda la vida.

El objetivo es de género femenino y con grandes capacidades de adaptación, por eso es que la encontramos tanto en el río como en el mar. Si las lisas son una especie codiciada, los liseros son definitivamente sus más fieles seguidores. Tal es asi que Pichín comenzó sus días de lisero en el Rio Quequén. Por ese entonces los pescadores eran selectos, y cada uno tenía su propio lugar de pesca. Estaban las piedritas de “tal” o de “cual”. No hablamos de egoísmo ni de plantar banderas, tan sólo de lugares propios y con secretos ocultos.

En las piedras de Pichín está el punto justo donde sólo él puede dar en el blanco: río bajo, zanjón, cruzar de panza sobre el lodo, tirar exactamente a quince metros, justo después de una cordillera de piedras. Allí ocho, diez, doce lisas, o veinte y buena pesca.

Pero el río no siempre obedece al mandato de los liseros, y hay épocas en que se encapricha y ensucia. En uno de esos días comenzó la excursión lisera al mar. Como pescador es casi sinónimo de amigo, un lisero de mar los llevó hacia el objetivo.

Koi Delight Megan Aroon Duncanson

Aquí la tarea es totalmente distinta: agudizar la vista para divisar las manchas, detectar si el tiro debe ser allí mismo o en sus alrededores y perseguir al cardumen con promesa de lombriz como banquete. Así fue como un día llegaron a Reta, anclaron, bajaron, armaron, poco pique y vuelta a subir a la rastrojera. Pichín no alcanzó a estar ni sentado, ni parado ni asegurado en el vehículo al momento en que el conductor clavó los frenos ante el descubrimiento de una nueva mancha. El resultado fue una manija incrustada cruelmente en su codo. Luego de la verificación del daño y del ofrecimiento de volver para asistencia médica, el pescador dijo que no a todo y quedó sentado donde pudo, con tan solo algunas lombrices, la caña y un pullover oficiando de cabestrillo.

Qué cruel es la lisa cuando adivina que no puede ser atrapada! Plateada, hermosa, asomándose con sus compañeras y tentando desde el mar. Y como la pesca trae para el pescador más patinadas y locuras que cualquier mujer sobre la tierra, allí estaba el hombre, frente al mar, con un sólo brazo y arrastrándolas una tras otra por la arena, ante la imposibilidad de recoger la línea. Luego de un rato, más de una docena de presas yacían a un costado, junto con la satisfacción de haber vivido un dia más en el que nada estaba perdido.

El agua del río nos hace volver y algunos afirman que “hay que beberla por turbia que vaya”. Para el pescador no importa si es agua de río o de mar, sus pies están arraigados a la costa de cualquiera de estos espejos, beba o no su elixir.

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