El tipo era un idiota. Evidencia en mano, fue a confrontar a su mujer.
Los hechos eran simples, el había puesto una cámara filmadora en la habitación, el resultado fue contundente: ella lo engañaba –seamos obvios y digamos que el acto consumado fue en la habitación matrimonial – y aparte de esto también lo defenestraba con su nuevo amante –que tal si decimos que hacía comentarios denigrantes sobre su miembro-.
La respuesta tradicional a esta situación sería algo asi como el pedido de perdón y sus derivados por parte de ella, o en tal caso fui a buscar a otro lado lo que no me dabas, siempre y cuando el tipo no viniese con revolver en mano, claro.
Pero, astuta la mujer, brindó su mejor defensa: “ésta es una invasión a mi privacidad”. La mina lejos de sentirse culpable, se victimizó al instante, trasladando el problema a su engañado marido.
Un idiota. Una habilidosa.






