Quiero mi vestido azul ceñido a una cintura que no tengo, la manteca sobre la mesa derritiéndose con el calor del mediodía, la brisa entrando por la ventana y la hamaca esperando afuera para mecer sueños. Quiero conocer tus ojos para poder verlos todos los días y saber que por fin todo va a estar bien, aunque no sea del todo verdad.
Quiero el pasto creciendo en mi patio, verde, brillante y tupido acariciando las raíces del limonero que deja caer sus frutos casi por casualidad, y mi perro jugando con ellos al atardecer.






