Mi patio ya está cubierto de hojas, algunas se escapan por debajo de las puertas, no importa si es la puerta trasera o la principal. Se cuelan sin permiso afirmando su presencia. Cariñosamente las devuelvo a la vereda, sin preocuparme por erradicarlas.
Creo que mis vecinos me miran mal por no juntarlas, y que de sumar adeptos iniciaría un movimiento “pro no quememos las hojas en otoño”. Cierro la puerta antes de que alguno me pida que me sume al exterminio y vuelvo a mis pensamientos.






