Dejé el zaguán detrás de mí, sintiendo la puerta arrastrarse pesadamente
mientras emitía el mismo quejido de todas las mañanas.
No quise quejarme yo también, después de todo ya estaba libre,
Publicado en Apuntes de taller, etiquetado apuntes, escuela, infancia, literario, perro1970, taller, zaguan el junio 29, 2011 | Deja un Comentario »
Dejé el zaguán detrás de mí, sintiendo la puerta arrastrarse pesadamente
mientras emitía el mismo quejido de todas las mañanas.
No quise quejarme yo también, después de todo ya estaba libre,
Publicado en Apuntes de taller, etiquetado apuntes, arena, autorretrato, enterrado, goya, litaratura, perro, perro1970, taller el junio 9, 2011 | Deja un Comentario »
Perro enterrado en la arena – Goya Para hacer el retrato de un perro Primero que nada tengo que registrar la obra: Autorretrato. Pondré el lienzo en el piso Y pasaré varias veces del salón al pasillo Donde frente al espejo Lameré mi propia imagen reflejada Tratando de que se grabe en algún lugar libre [...]
Publicado en Apuntes de taller, etiquetado apuntes, arte, estatua, figurativo, liepke, literario, malcolm, perro1970, Relatos, sal, taller el junio 3, 2011 | Deja un Comentario »
Cuando mis ojos lograron adaptarse por fin a la penumbra, pude tener un panorama de la estancia. En otras épocas hubiese entrado a obscuras, y aún así esquivado airosamente cada mueble de la casa, adivinando el acceso al pasillo y encontrado en la cama el destino final a cualquier día de mi vida anterior.
Mis ojos gastados danzaron unos minutos con el lugar polvoriento y los pisos rasgados.
Sobre la mesa algunas huellas indicaban el paso de un felino que se había colado por el ventiluz del baño. Tal vez asustado por tantos recuerdos flotando había volcado lo que antes era un centro de mesa: una copa sucia con un esqueleto de tallo sediento y agrietado.
Publicado en Apuntes de taller, etiquetado apuntes, arca, noe, par, perro, perro1970, Relatos, soledad, taller el junio 2, 2011 | 2 Comentarios »
Me acurruqué como pude, en el último rincón del Arca, juntando mi hocico con mi cola, como hacía cada vez que me sentía abandonado.
Mi jornada había empezado como termina un cuento de hadas: maravilloso, feliz, soleado. Revolcando mi lomo en extensos prados, mordisqueando el cuello de mi compañera y levantando mi hocico cada tanto para aspirarlo todo, como si el todo se fuera a terminar.
No lo pude advertir. El diluvio barrió mi totalidad y alguien me rescató de la eternidad de la muerte.
Y allí estaba, viviendo el frío y tiritando soledades.