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Archivo de 27 noviembre 2011

Arrivederci

Una cena fría y tardía. Una noche destemplada, un amanecer lluvioso, un atado de cigarrillos después y sale el sol. La música inunda mi casa. Me dan ganas nuevamente de enviar mensajes y de reunirme con la gente que me hace bien. Mis amigas, mis hijos. Mis alegrías.

Por unos días volví a ser la persona taciturna, enojada, a la espera, malhumorada que fui hace un año. Pero si yo no soy asi!!

Y allí es donde luego de quince días de revisión sobre el amor, otra vez me pregunto: el amor te hace perder la cabeza?

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Hay varias cosas que nos pueden salvar de la locura, todas requieren de esfuerzo. Personalmente no tengo la receta. Pero si puedo afirmar que para salvarse de la locura lo primero que hay que hacer es correr millones de años luz del sujeto-objeto o situación que nos cause locura.

No hay con qué darle, cuánta locura es saludable en estos tiempos?

Si no sos loco -una pizca al menos- no sobresalís, no avanzás, no te jugás, no sos creativo, pero también es cierto que podés perder, equivocarte y tener que retroceder.

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La nota

Llegué al departamento, introduje la llave y la puerta cedió suavemente.

Era una de esas puertas con cerraduras berretas, de las que se pueden abrir casi con cualquier cosa metálica. Me inundó el olor a encierro de apenas dos días.

La gata, que me quería a pesar de mi desapego, comenzó a maullar latosamente pidiendo por comida.

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Encontrarse, con esfuerzo.

Volver a perderse por impulsividad.

Late el olvido silencioso

Mientras lo perdido

Araña al tiempo

Haciéndose recuerdo.

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Autoayuda

Es domingo a la noche, te acostás. Leés un rato. Estás leyendo “Autoayuda” de Lorrie Moore. El libro te lo presta un compañero de taller literario, advertido sobre el hecho de que no podés parar de leerlo en los minutos libres. Quedás fascinada por su forma de escribir. Intentás copiarla. Aún no te das cuenta del trastorno que es ponerle acento a todos los modismos argentinos. Casi que te das por vencida.

Leés apenas un poco, mirás la hora y te decidís a dormir. Como hasta hace un tiempo hacías, volvés a agradecer por las noches. Sentís que todo está en orden, todo vuelve a su lugar y el agradecimiento también. Agradecés por el día, por tus hijos, por el novio de tu hija, por tus amigas, por el descanso, por la supuesta claridad mental, por poder seguir sorteando obstáculos.

Cerrás los ojos, pero tu mente divaga a una velocidad aproximada de trescientos kilómetros por hora. Empiezan a surgir las palabras y recordás que te aconsejaron tener una libreta al lado de la cama para anotar lo más importante. Lo que redactás en tu mente es perfecto, parece un libro hermoso. Al día siguiente se irá, y nunca sabrás lo que pensaste…………….

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Luego de que la ilusión se evaporara como por arte de magia, por arte de la realidad psicodélica que establece que hay situaciones que no deben ser, luego de esas breves vacaciones en un lugar absolutamente inexistente, la realidad golpea de la forma más descarada y es cuando necesito el abrazo, no cualquiera, sino ese abrazo que sale de otra ilusión irrealizada del pasado.

Escucho poetas muertos cantar con acordes tenebrosos en alguno de mis parlantes situados en mi nuevo trabajo, se suman a los acordes un té abandonado en la mesa, el lugar donde iba apoyando mis lecturas cotidianas, alegre, despojada del pasado y del presente. El equilibrio estaba a punto para ser disfrutado, mediante olores y sabores, condimentos, arroces exóticos, muebles blancos, naranjas intensos brillando desde algún rincón, y el abrazo que sigue sin aparecer.

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Es fácil, hoy parece fácil.

Me paro aquí y miro mi vida pasada como si fuera una película.

Película muda, en blanco y negro,

Con algunos saltos y cortes

Que obvien la obligatoriedad de rever algunos tramos.

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“Ser algo que no me lleve a la autodestrucción.

Lo miro mientras sigue gritando algo que no comprendo.

Mi boca cerrada, mis manos juntas y mi mirada fija en algún punto lejano,

marcan la postura de la autodefensa.

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Tamaña pregunta que tal vez desencadenen otras preguntas. Qué es perder la cabeza?

Sentir el corazón latiendo a dos mil, perder el apetito, perder el aliento, perder el espacio –todo temporalmente o no?- para brindárselo de lleno al ser amado, esté presente o no, con pensamientos, deseos, sueños. Escribir notas de amor, palabras de amor, canciones de amor, mezclar esencias, jugos, vientos, juntar cartas, reposar ensoñando, soñar despierto y soñar dormido, tener ganas de llorar, de cantar, reír, estar exultante, contento, desbordado, apasionado, sentirse rey o reina por un tiempo no delimitado por el reloj, sentirse único, feliz, volátil, expresivo, vergonzoso, perder las vergüenzas, nadar en el goce, no saber nada ni entender nada, perder referencias, horarios, llaves, lugares, nociones. Sentir calor extremo, o piel de gallina, o frío en la espalda, el pecho turgente, la mirada incandescente, sentirse inmortal, desfallecer, perder el equilibrio, sentir inseguridades….

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Llueve. Aún no estoy segura de hacia dónde me llevará este experimento de escribir nuevamente cosas personales. Tuve tantos intentos y todos quemados o tirados que realmente sospecho que esta vez seguirá el mismo curso.

No estoy cansada, ni abrumada, ni con dolor de cabeza, ni con el corazón a dos mil. Mis días están tan tranquilos que realmente casi me hallo perdida.

Ayer fui a ver a Carlos, mi terapista floral, como lo llamo inapropiadamente.

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