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Archivo de 31 diciembre 2011

Salute

Hay veces que las cosas en mi vida empiezan con un libro, con música en la cabeza, y siempre cerca del mar.
Recuerdo mis años alejada del mar como los de más sequía en mi vida. Es así, como un fin de año en el 2007, con un libro en mi mano, y con el mar a mis pies, decidí tomar uno de los rumbos más difíciles en la vida de una persona. Separarme.
Separarse trae siempre consecuencias insospechadas. Uno se separa de otra persona pero también uno comienza a acercarse a quién es verdaderamente uno.
Es un camino largo, pocas veces se puede hacer de manera fast. Cuanto más fast lo quiere hacer uno, más rápido y furioso termina todo, como en la película. Choques contra el mundo y contra uno mismo, heridas y golpes, que tardan más en cicatrizar.
Separarse muchas veces es despegarse, es tomar una bifurcación sin el otro, y la soledad -terrible al principio-, a veces se convierte en la mejor amiga en cualquier noche a principios de otoño.
Debería haber una ley que dijera que de la separación al enamoramiento no debería pasar menos de un año. En tal caso cualquier salto cuántico de una separación a otra relación de manera inmediata, puede llegar a tener consecuencias no muy deseadas.

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Frente al mar

Veinte y treinta. El atardecer cae en la ciudad silenciosa, llena de feriados administrativos. Los vehículos comulgan una huelga junto con sus dueños, y dejan descansar al asfalto de tanto trajín de bocinas y rodados.

Los carrillones de la tienda no suenan, la brisa se niega a crear la música, y el silencio se vuelve más ensordecedor.

Tomo las gotas del perdón, o del alivio, de la calma, pensando que mi corazón afligido tendrá un momento de respiro. Me doy cuenta de que siempre llego en mal momento.

Hace cuatro días que mis ojos se niegan a dejar caer una lágrima. La razón les dice que ya es suficiente, el corazón se repliega aún más, y ya me parezco a una tortuga con caparazón de hierro y muy arrugada por dentro.

Me da miedo mirarme. Repito las gotas, el perdón llega de alguna parte, me retuerzo y caigo rendida ante mi propio llanto, que sale como catarata, llanto mudo que es peor que un grito. El baño de mi tienda me escucha sin poder hacer nada.

No puedo volver a mi casa, necesito el bálsamo de la naturaleza bajo mis pies.

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Dolor

El tiempo que todo lo arregla

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Prendo un cigarette, fumo y espero que alguna idea se me suba a la cabeza, o un torpedo, para el caso es lo mismo. Hay veces que la ausencia de ideas implica sobredosis de pensamientos disparatados, sobre el futuro, sobre el pasado, auto reproches, auto culpas, auto locura, divagues que distraen del hoy.

Volviendo a los vicios, lo más triste del cigarrillo y de esta década que es que ya está out.

La avalancha de vida saludable acosa desde los cuatro puntos cardinales, desde consumir yerba y azúcar orgánicos, desterrar bolsitas y aerosoles, reemplazar todo lo blanco por algo que sea oscuro e integral, hasta poner algo que ionice el ambiente, como si eso bastara para aplacar las malas vibras que no solo vienen con el humo del tabaco.

Tal vez mi cigarette y yo no seamos más que objetos retro en esta nueva era que ya superó lejos lo new age. Para mi definitivamente es la era AUTO: auto placer, auto conocimiento, auto abastecerse, auto mantenerse, auto satisfacerse, autonomía.

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Matar al pasado para que no vuelva

Engañarlo forzando al futuro

Enterrar cajas con fotos

Humedecer el espejo para no ver

Tus ojos en los míos

Encontrarlos en la calle

Y huir

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La mente juega con nosotros en la medida que la desatamos. Se ríe, nos hace sentir cosas que no debemos permitirnos, nos obnubila, nubla las visiones de los sentimientos, nos engaña y nos hace actuar como seres irracionales. Mientras tanto el corazón sufre los propios avatares y las consecuencias de lo pensado y lo actuado según ese sujeto mental, que no es más que una parte de nosotros mismos.

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Archivos

Estás en una carpeta, un archivo, dentro de mi mente.

Momentos fugaces de felicidad incompletos. Amaneceres escuchando los acordes de una guitarra. Tus dedos alargados y finos, las uñas largas acariciando las cuerdas, haciendo sonar al universo, acompañando el compás del sol tibio.

Las cortinas corridas, permitiendo al día entrar. El silencio compartido en un mar de caricias, breves, cortas, limitadas.

La intensidad y los avatares acortan los tiempos. Ilusiones y muros conteniendo. Tiempo escueto. Yo ansiaba la paz. Vos te sublevabas ante mis deseos.

Otra mañana de ensueño. Me levanto. Recibo el desayuno como un regalo de los dioses. A los acordes se suma tu voz, que dejó de ser suave para convertirse en grave y contundente. Música de amor, desconocida.

Siento que no estoy ni sentada, ni parada ni presente, aún así escucho. Me armo mi propio sueño, quiero volver a la realidad y no puedo.

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La espera trae nuevamente la misma y fatídica pregunta:

El por qué de las horas.

Espero atada, petrificada, sin poder ejercer acción sobre mi destino.

Esperar unas cuantas horas desparramadas sobre otros tantos días,

Hace nacer en mí, la necesidad de huir

Y dejar ya sin efecto el castigo por haber vuelto

La vuelta sin llegada

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El alma se aquieta

Suaves acordes acarician la ruta

Ancha e ilimitada que espera

Verdes, ocres, sierras

Figuras de algodón

Colgadas del firmamento

Cada kilómetro sella la distancia

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