Estás en una carpeta, un archivo, dentro de mi mente.
Momentos fugaces de felicidad incompletos. Amaneceres escuchando los acordes de una guitarra. Tus dedos alargados y finos, las uñas largas acariciando las cuerdas, haciendo sonar al universo, acompañando el compás del sol tibio.
Las cortinas corridas, permitiendo al día entrar. El silencio compartido en un mar de caricias, breves, cortas, limitadas.
La intensidad y los avatares acortan los tiempos. Ilusiones y muros conteniendo. Tiempo escueto. Yo ansiaba la paz. Vos te sublevabas ante mis deseos.
Otra mañana de ensueño. Me levanto. Recibo el desayuno como un regalo de los dioses. A los acordes se suma tu voz, que dejó de ser suave para convertirse en grave y contundente. Música de amor, desconocida.
Siento que no estoy ni sentada, ni parada ni presente, aún así escucho. Me armo mi propio sueño, quiero volver a la realidad y no puedo.






