Nos mudamos. Tus cosas y las mías revueltas en un mismo cajón.
Cubiertos que juegan a no hacer juego.
Platos multicolores.
Algunos repasadores raídos.
Bolsitas de condimentos varios.
Una sola alacena.
Aromas nuevos en la cocina a estrenar.
La intriga apoyada sobre la barra: una lata.
Nadie la había llevado hasta allí.
Tan sólo había aparecido así sin más.
Cilíndrica, brillante, misteriosa, sin rastros de nacimiento, caducidad o contenido.
La jornada llegaba a su fin y aún faltaba extender las sábanas, colgar toallones y salpicar los mosaicos con el rocío de la mañana.
Muerto el hambre con panes y manjares, aún teníamos curiosidad por conocer el contenido del cilindro metálico.
Jugamos a adivinar, la rodamos, la pesamos, intentamos escuchar algún contenido misterioso centrifugándose dentro de la misma.
Cansados pero no rendidos, nos miramos cómplice, decididos a mantener el misterio de su contenido.
Dulce, salado, agrio o amargo. Qué más da?
Hay misterios que es mejor no develar.
perro1970, lata, misterio, cocina, mudanza, alacena, apuntes, taller
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