Porque el amor cuando no muere mata…

Una mujer y un hombre llevados por la vida…

 

Una mujer y un hombre llevados por la vida,

Una mujer y un hombre cara a cara

Habitan en la noche, desbordan por sus manos,

Se oyen subir libres en la sombra,

Sus cabezas descansan en una bella infancia

Que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz,

Una mujer y un hombre atados por sus labios

Llenan la noche lenta con toda su memoria,

Una mujer y un hombre más bellos en el otro

Ocupan su lugar en la tierra.

 

Juan Gelman

Emil Bisttram – Embracing Couple 1931

Volví al taller hace ya un par de semanas,  luego de un descanso necesario. Allí estaban mis compañeros, las mantas tejidas sobre el piso, almohadones, el hogar encendido, fotografías mirando desde la pared, la penumbra y la música que viene a desperezar las ideas.

Volver a lugares gratos es siempre como volver a casa, esa casa en donde te dejan ser, pensar y escribir lo que se te ocurra, salga bien o mal. La idea es expresarse, aunque si podemos hacerlo con talento mejor.

En cada taller hay varios detonantes para escribir, aunque siempre condicionados a la mochila que llevamos por esos días y otras cuestiones imposibles de dejar en la puerta de entrada.

Este escrito es tal vez, una más de mis divagaciones. Apunta a lo que padecemos muchas personas hoy en día: la búsqueda de un amor perfecto que en realidad no existe. Y ante la impotencia, desilusión e impaciencia en nuestra vida diaria, recurrimos al recuerdo del amor que no fue: aquel amante de nuestra juventud o esa mujer a la que no nos animamos a decirle nada. En síntesis nos refugiamos en el imposible.

Inclusive algunos apuestan a más, y emulando alguna película taquillera en donde ella le dice a él que para sostener el “gran amor” que se tienen es necesario separarse,  están dispuestos a irse y abandonar al otro para que la idea de amor romántico e imposible permanezca intacta. Y claro…. No hay nada como la rutina para despedazarlo todo.

A mi entender,  de esta manera es más fácil explicarnos que el amor sí existe, sólo que no se puede mantener en el tiempo si intentamos vivirlo. Creo que para muchas personas  los grandes amores son aquellos que no fueron y sobreviven  perfectos en el tiempo sin concretarse, teñiéndose día a día con ilusiones y espejismos que se le van sumando.

A los días que pasan, en algunos casos años, la figura del otro, distante e inalcanzable,  se va tornando más bella, más perfecta. Su sonrisa es cada vez más hermosa, era la única persona que nos hacía reír.  Éramos felices pero no quisimos arriesgarnos a  perder todo eso, menos luchar por mantenerlo.

Era, éramos…

 La nostalgia hace que guardemos esa sonrisa en un cajón en la mesa de luz, donde se mantendrá a salvo de la lapidación diaria de verla todos los días y que pierda el encanto.

En la misma línea se encuentra  el discurso de que el amor “todo lo puede”, si hay amor la pasión se tiene que sostener por sí sola, que hay un solo gran amor en toda la vida, que vamos a vivir juntos y por las mañanas la felicidad nos embargará como el primer día…

Y sí, cuando vamos al álbum de fotos sólo se ven los buenos momentos.

Claro, pero que mal…. Mi realismo tira abajo con tanta obra hermosa… magnífica. Derrumba palabras escritas, poemas, cartas, versos, historias apasionadas sobre el amor…

Después de todo Sabina lo dijo mejor que nadie y con pocas palabras: “porque el amor cuando no muere mata”.

Y bueno, me tomé una pequeña licencia realista.

“Para construir una buena historia o pincelar las mejores líneas, hay que haber sido partícipe necesario de un gran amor.

Uno de esos amores de tango, con acordes suaves de un bandoneón delineando nostalgias.

Un amor de salón de baile, con despedidas en altos balcones a la luz de firmamentos artificiales.

O un amor de inviernos en la playa blanca y desnuda, abrigando el alma con caricias profundas y miradas tiernas.

Por qué no, un amor que deja huellas en hojas amarillentas escritas con tinta negra borroneada por llantos de impotencia… y enlazadas a cientos de sobres con estampillas de lugares inexistentes, donde nunca estuvimos, a donde siempre iremos.

Para construir una historia de amor -de las buenas-  se necesitan un par de pechos turgentes y la mirada de él centelleante sobre ellos.

Susurros al amanecer, suspiros de excitación, perderse y al fin irse.

Dejar, huir, abandonar, declinar nimiedades rutinarias y charlas de sobremesa para poder seguir escuchando esa música nostálgica que huele a puerto en un río que muere en cualquier mar de esos.

Y morir uno por un instante o para siempre, con un amor latente y una historia que no fue”.

Yo.

 

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2 pensamientos en “Porque el amor cuando no muere mata…

  1. Anoche leí todos tus textos. Eso de colocar imágenes completa el sentido de las palabras. Me gustó mucho y me parece muy buena idea.
    Si me atengo a mi experiencia, tenés mucho para disfrutar y durante muchísimos años más. Un consejo -¿bueno?, ¿malo?- para compartir con una pareja, permanente o no, buscá hombres que tengan 10 años menos que vos. Al doblar la esquina del medio siglo los hombres se aterran por lo que experimentan y comienzan a buscar mujeres mucho menores que ellos que les den la ilusión de seguir siendo lo que eran -cualquiera que sea la idea que tengan de sí mismos-. Por otra parte, muchos hombres comienzan a anquilosarse psicológicamente a partir de los 35 años. Y por último, un hombre de 50 no es más maduro que uno de 30.
    Besos, Felino del 39

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