Como el instante en que las estrellas caen al borde de la cama.

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Arte: Roberta Coni

Como una mañana soñada de domingo

Que siempre esperaste que llegara,

Sin tener más dudas ni excusas en tu haber,

Despegando de la almohada con la mente clara para ejecutar el sueño

Que viviste con los ojos entrecerrados bajo el cielo estrellado,

Y tu cuerpo naufragando sobre el colchón que cobija las cartas que no enviaste.

Como el sol que aguarda tibio tras las cortinas,

Iluminando lo que sería el posible recorrido de tu caricia sobre mi espalda,

Dibujando círculos y constelaciones, uniendo universos y trazando líneas

Que nacen en mis lunares y mueren en tus deseos.

Como una tarde de media estación  en la que todo parece susurrar,

Las alas de los ángeles se abanican con lentitud,

Y la sensación térmica es igual a la tibieza del abrazo que sueño.

Como el capullo de una flor que se despereza bajo el rocío

Las piedras que bailan bajo el gorgoteo del agua del río,

O la espera al final del camino con la espalda hundida

El corazón apretujado, mordiendo el labio inferior,

Pensando en que no hay más nada…

Y de sopetón,  el amor que te invita a recorrer unos pasos más

Pintando esa sonrisa bobalicona en tu rostro,  

Mientras te imaginás enroscando un rulo mío en tu dedo.

Como nosotros dos, que nos esperamos uno al otro,

Viviendo domingos cubiertos de sueños y deseos que pedimos antes de dormir,

En el preciso instante en que las estrellas caen al borde de la cama.

Patricia Lohin

De sueños durmientes

Originalmente publicado en El Perro:

ALEXANDER NIKITIN

ALEXANDER NIKITIN

Luego de varios intentos vacíos por plasmar el sueño en palabras,  me di por vencida.

No hablo de un sueño como quien se refiere a un deseo. Sino de un sueño, esos que ocurren cuando uno duerme y ronca.

Tuve uno tan bello que al segundo de haberme despertado  quise congelarlo, aspirarlo, frezarlo, reflejarlo con palabras para que quedara en algún lugar físico donde pudiera volver a éste de vez en cuando.

Fantaseé con ser pintora, música y escritora. Todo a la vez. Y poder hacer una gran obra maestra con mi sueño repetitivo. Pero las cosas no son tan sencillas. Ni yo soy tan eficaz o talentosa.

El tema es que el lunes por la mañana me levanté extasiada. Había vuelto a soñar mi sueño recurrente -les aseguro que es mío y de nadie más-, el “top ten” de los sueños recurrentes.

Ese que nos hace querer…

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Direcciones pasadas

Originalmente publicado en El Perro:

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Arte: Mirjam Appelhof

Darling, te acordás del vestido rojo que nunca compré?

Pues hoy me calzaría perfecto.

Está tibio, como cuando te añoro.

Voy descalza, por un sendero en el bosque

Que desemboca  a la playa.

El viento apenas mece mi cabello

Y hamaca mis recuerdos.

Esos que no viví,

Pues no han sucedido.

Aún.

Y me pregunto,

-Como desde hace años-:

Se puede extrañar lo que no se ha vivido?

Tengo una fábrica de recuerdos

Que flotan en mi cuarto azul,

Mientras miro el cielorraso blanco,

Y mi cuerpo yace horizontal y de espaldas al suelo.

Me resguardo de no caer por ese agujero debajo de la cama

Que amenaza tragarme todas las noches.

No quiero perderme en algún lugar

Que me deje muy lejos de vos.

Te respiro, y escucho tu silencio que ya es mío.

Hemos llegado al horizonte,

Yo con mi vestido rojo y mis pies…

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“Eso que haces allí… quiero balbucearlo en tu idioma; antes de ti nada he dicho ni sabido.”

Originalmente publicado en El Perro:

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Cartas de amor

No tengo un cobertizo ni altillo con una caja con cartas ni postales de amor adentro, tampoco ninguna carta de amor dispersa en algún cajón de mi mesa de luz.

Me gustaría pensar que cuando llegue a anciana el stock personal de cartas de amor habrá aumentado. Y no hablo de cartas sumamente empalagosas o pegajosas. Sino de la carta de amor sutil, con la palabra justa, el punto indicado.

Preferentemente escrita a mano, con pulso firme y sin vuelta atrás en las palabras.

Ahora que lo pienso, la tecnología, los mensajes de texto y los mails, que tantos beneficios nos traen, nos han quitado de alguna manera, el encanto de la nota manual, del escrito, de dejar que la hoja se ponga amarillenta con los años, el poder hacer un atado con una cinta roja y la rosa disecada.

Ahora que lo pienso, tengo una nota…

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Escribe cartas de amor

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Christian Coigny

Escribe cartas de amor,

Aunque no exista destinatario,

Aunque estés desamorado,

Desilusionado y solo,

Chupando clavos al final del pasillo.

Escribe cartas de amor,

Como si se te fuera la vida en ello,

Y déjalas, al pasar, que tomen aire,

Que les llegue la suave brisa

De la temprana tarde en invierno;

Cuando llegue la primavera,

Verás cómo las mariposas blancas

Beben de esas tintas

Y se llevan las palabras para ungir otras almas.

Escribe cartas de amor, a tu amor imposible,

Y envíasela, con o sin firma, sin intención de vueltas atrás.

Escríbesela a quién ya no esté

Haciendo huella sobre esta tierra,

Y dile que aún existe

Y moja tus mejillas cuando dices su nombre,

Tanto como el río moja al mar cuando llega a éste.

Escribe cartas de amor

Que te sorprendan  luego

Al encontrarlas dentro de un libro.

Y cuando mueras

Se pregunten a quién amaste tanto,

Amando sin tocar, amando sin estar;

A quién le imprimiste letras en su destino.

Escribe cartas de amor,

Cuenta los días, cuenta las palabras,

Idolatra cada suave murmullo escondido

Detrás de las vocales,

Jura sobre ellas el eterno amor,

Escribe suave pero firme,

Con lágrimas y estampas de suspiros.  

No dejes nada por escribir,

Que el sonido de los espacios

Entre cada palabra sea un grito

Que grabe a fuego tu imagen en el que los lea.

Escríbelas y deja que se hagan realidad.

Mientras…

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Arte: Alexey Zaycev

Hoy te contagiaré de lo que quieras

Mientras

Yo monto mi bicicleta roja

Salgo a la calle perseguida por mariposas blancas;

Y pedaleo lejos de tu mundo.

Mientras  tus besos siguen lejos,

La  taza de café ha dejado dibujado

Tu destino en el fondo de la misma.

Mientras

Releo frases garabateadas

En la humedad de la ventana;

Vivo y desvivo

Logrando llevarte a la tierra de mis sueños.

Mientras

Inevitablemente te amo.

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Desertores

Originalmente publicado en El Perro:

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Noell S. Oszvald

El mundo no es para cualquiera, “vió”.

Y si no mire la cantidad de desertores que hay a diario. Las bajas de humanos que ya no soportan lo que ven y lo que viven, es como una epidemia húmeda y silenciosa. Pocos hablan de ellos, de los desertores, de los no ungidos por Dios en el último sacramento. Las noticias los esquivan, sabiendo que éstas son la mecha que enciende la pólvora esparcida por el camino.

Pocos pueden soportar este mundo y sus avatares, lo sé en primera persona. Yo que quise desertar varias veces, y mi cobardía me ató a la cama eternos y confusos domingos de guardar, en un cuarto oscuro y lleno de fantasmas, apretando los dientes y la almohada. No hay héroes ni vencedores, sólo vencidos.

No hay un diploma al final de este lado del camino que premie la llegada luego de…

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