De mitos, odios y amores: después de todo no hay nada peor que la indiferencia.

 

Una de las personalidades de la historia por la que siempre tuve curiosidad fue Eva Perón. Les cuento que la conocí de grande, ya que tuve oportunidad de estudiar al peronismo en la facultad, no así en el colegio secundario, en donde como les conté antes, la educación fue bastante de derecha y antidemocrática, pero por suerte no ha dejado sus marcas.
Lo de Eva Perón va más allá de la política. Mi curiosidad radica en el oleaje de odios y amores que ha provocado. En las huellas profundas que ha dejado luego de tantos años y vida tan corta.
Nunca pensé que se pudieran escribir en los paredones: ‘Viva el cáncer’, como se hizo cuando se difundió la noticia de su enfermedad. Ni hablar de la magnitud de sucesos desafortunados que ocurrieron con su cadáver.
Si hay algo de admiración radica en sus convicciones: más o menos leales, más o menos políticas ,pero firmes, y como yo siempre digo sin dejar de mirar la meta: quiso estar en los libros de historia y así ocurrió. Creo que no se pudo escapar de la muerte porque era un poder más grande que el de ella, pero… seamos sinceros: la muerte física no puede contra el recuerdo que muchas personas le siguen dando, tanto las que la quieren como las que no, vean sino:

Infernal: “Ella era una sublimación de lo torpe, ruin, abyecto, informe, vengativo, ofídico, y el pueblo vio que encarnaba atributos de dioses infernales. Su resentimiento contra el género humano propio de una actriz de terceros papeles, se conformó con descargarse contra un objeto concreto: la oligarquía y el público de los teatros céntricos.” Ezequiel M. Estrada, escritor.

Aprendí de ella: Revolucionó la caridad cristiana de las damas de beneficencia, substituyéndola por la justicia social. (…) La fundación Eva Perón no solo solucionó los problemas de desempleo, hambre, esclavitud, (…) sino que dignificó a los obreros convirtiéndolos en factores de poder dentro de la comunidad, a la par que los industriales, los clérigos (…) La verdad es que aprendí más de ella que ella de mí. Padre Hernán Benítez, confesor de Evita.
(Extractos del suplemento Mitos Argentinos por Felipe Pigna del diario Clarín del día domingo 15 de abril)

Como dice Pigna: el cristal con que se mira: fiel reflejo de los sentimientos de sus seguidores y adversarios, las palabras que circulan a través del tiempo siguen contribuyendo a la construcción del mito. Es todo, blanco o negro. En esta paleta de discursos no hay lugar para los matices.
Y yo pienso: en este caso en particular, la distancia que otorga el tiempo no ayuda a que seamos objetivos con la historia.

Para los que quieran conocer un poco más de su historia pero sin tanto relato político, pueden leer Vida sentimental de Eva Perón de María Sucarrat. No sé hasta donde todas las fuentes de esta autora son certeras, tiene elementos interesantes, sobre todo la parte familiar y de los primeros años de Eva en Buenos Aires.

 

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