El gran dilema de la gente común

Hace rato que estamos con el dilema, por más que la gente mayor nos diga que antes las cosas eran distintas.

Estamos ante el dilema de si sirve en esta sociedad ser honesto.

Mucha gente lo intenta, varias veces en el transcurso de sus vidas, hasta que llegan a la encrucijada: no se puede contra el sistema, así no vamos a llegar a ningún lado, etc.

De pronto leo de lo que se habla hoy, de pseudos, de falsos. Mientras la gente se queja del falso ingeniero, se cuelan en las quejas comercios que lucran vendiendo ropa trucha, de que la industria farmacéutica lucra con el sobreprecio de los medicamentos, y así podría seguir en una lista interminable. Vidas de personas comunes y silvestres que hacen como que viven una vida mientras viven otra, un discurso que no es congruente con nada. Me pregunto: qué es más válido? Aquel que reconoce sus pecados y los sigue cometiendo o el moralista que tiene doble vida? También leo opiniones de personas que quieren cambiar todo esto, pero no saben cómo. No avanzan, no llegan con sus acciones, no son reconocidos, son los típicos ‘boludos que todavía no se apiolaron’, para hablar en criollo.

Sería posible una revolución de estos ‘boludos’ para contagiar al resto? Es factible que en algún momento, haciendo fuerza desde abajo, se logren cambiar los estandartes de esta sociedad? Qué otro beneficio, a parte de dormir bien, se obtiene al ser honesto?

Como siempre, muchas preguntas, pocas respuestas.

 

 

Cultive buenas maneras
para sus malos ejemplos
si no quiere que sus pares
le señalen con el dedo.
Cubra sus bajos instintos
con una piel de cordero.
El hábito no hace al monje,
pero da el pego.
Muéstrese en público cordial,
atento, considerado,
cortés, cumplido, educado,
solícito y servicial.
Y cuando la cague, haga el favor
de engalanar la boñiga.
Que, admirado, el mundo diga:
«¡Qué lindo caga el señor!»
Hágame caso y tome ya
lecciones de urbanidad.
Tenga a mano una sonrisa
cuando atice el varapalo.
Reparta malas noticias
envueltas para regalo.
Dígale al mundo con flores
que va a arrasar el planeta.
Firme sentencias de muerte,
pero con buena letra.
Ponga por testigo a Dios
y mienta convincentemente.
Haga formar a la gente,
pero sin alzar la voz.
Que a simple vista no se ve
el charol de sus entrañas.
Las apariencias engañan
en beneficio de usted.
Hágame caso y tome ya
lecciones de urbanidad.
Cultive buenas maneras
donde esconder sus pecados.
Vista su mona de seda
y compruebe el resultado.
Que usted será lo que sea
–escoria de los mortales–
un perfecto desalmado,
pero con buenos modales.
Insulte con educación,
robe delicadamente,
asesine limpiamente
y time con distinción.
Calumnie pero sin faltar,
traicione con elegancia,
perfume su repugnancia
con exquisita urbanidad.
Lecciones de Urbanidad, Joan Manuel Serrat

 




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Un pensamiento en “El gran dilema de la gente común

  1. Que buen tema!! y perfecta relación entre el texto y la canción. Una vez más te felicito y me regocijo de tener una amiga con estas cualidades. Muchas gracias, y toda mi energia para seguir alentando tus ganas de escribir!

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