Poesía desde Colombia

 

 

Ismael Enrique Arciniegas fue el precursor del florecimiento intelectual santandereano. Hacia 1880, después de haber estudiado algunos cursos de Humanidades en Duitama, se trasladó a Bogotá al Seminario Conciliar, donde fue alumno del poeta y polemista católico José Joaquín Ortiz, quien influyó decididamente en su carrera literaria

La obra poética de Arciniegas pertenece a la escuela romántica, pero con fuertes tendencias hacia el modernismo. Sus temas recurrentes fueron el amor, el dolor, la muerte, la naturaleza y la patria.

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Pareja en el Père Lathuille. 1879 EDOUARD MANET

A SOLAS

 

 

Quieres que hablemos?… Esta bien… Empieza.

 

Habla a mi corazón como otros días…

 

¿Pero no!… qué dirías?

 

¿Qué podrías decir a mi tristeza?

 

 

…No intentes disculparte: todo es vano!

 

Ya murieron las rosas en el huerto;

 

el campo verde lo secó el verano,

 

y mi fe en ti, como mi amor, ha muerto.

 

 

Amor arrepentido,

 

ave que quieres regresar al nido

 

al través de la escarcha y las neblinas;

 

amor que vienes aterido y yerto,

 

donde fuiste feliz… ya todo ha muerto!

 

No vuelvas… ¡Todo lo hallarás en ruinas!

 

 

¿A qué has venido? ¿Para qué volviste?

 

¿Qué buscas?… Nadie habrá de responderte!

 

Está sola mi alma, y estoy triste,

 

inmensamente triste hasta la muerte.

 

 

Todas las ilusiones que te amaron,

 

las que quisieron compartir tu suerte,

 

mucho tiempo en la sombra te esperaron,

 

y se fueron… cansadas de no verte.

 

 

Cuando por vez primera

 

en mi camino te encontré, reía

 

en los campos la alegre primavera…

 

todo era luz, aromas y armonía.

 

 

Hoy todo cuán distinto!… Paso a paso,

 

y solo voy por la desierta vía,

 

-nave sin rumbo entre revueltas olas-

 

pensando en las tristezas del Ocaso

 

y en las tristezas de las almas solas.

 

 

En torno la mirada no columbra

 

sino aspereza y páramos sombríos;

 

los nidos en la nieve están vacíos,

 

y la estrella que amamos, ya no alumbra

 

el azul de tus sueños y los míos.

 

 

Partiste para ignota lontananza

 

cuando empezaba a descender la sombra.

 

…Recuerdas? Te llamaba mi esperanza,

 

¡pero ya mi esperanza no te nombra!

 

 

No ha de nombrarte!… Para qué? Vacía

 

está el ara y la historia yace trunca.

 

¡Ya para qué esperar que irradie el día!

 

¡Ya para qué decirnos: TODAVÍA,

 

si una voz grita en nuestras almas: NUNCA!

 

(…)

ISMAEL E. ARCINIEGAS ( Colombia, 1865 – 1937 )

Fuente: A media voz , Blaa digital

 





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