Un fantasma justiciero

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Los fantasmas no existen, eso al menos pensamos varios que hasta ahora no se han topado con ninguno. Uno cree que los fantasmas en realidad son muertos que aún tienen cosas pendientes de la vida, que quedan dando vueltas porque se olvidaron algo digamos. Recuerdo que cuando éramos chicas, con mi amiga de la infancia, decíamos que la primera que muriese iba a quedarse unos días a hacer cosas del tipo: mover la cama, abrir las ventanas y hacer acto de presencia en versión fantamasgólica. Esto todavía está vigente: me voy a morir yo primero y llegaré a su estudio para ordenarle todo.

 

Lejos de la fantasía, parece que en una cárcel de Trelew tienen problemas con alguna de estas entidades espirituales. Sólo caben pocas teorías al respecto: les creemos, pero puede ser que alguna sustancia que les esté perjudicando los sentidos.

 

 

La verdad es que me encanta la situación. No podríamos pedirle al fantasma en cuestión que pulule por las cárceles torturando a los mismos que nos torturan, matan, intimidan y roban a nosotros día a día?

 

 

La nota de InfoBae

 

Dos presos pidieron el traslado porque aseguraron que un “espíritu” les sacaba las mantas por las noches y los atormentaba. Algunos efectivos sostienen la historia.

 

La comisaría Tercera de Trelew parece haber sido tomada por un ser extraño que ronda a efectivos y reclusos. El miedo y la incomodidad llevó a dos detenidos a realizar una queja formal sobre esta presencia extraña.

 

 

Fabián Riquelme y “Petu” Ibáñez fueron detenidos por asalto a mano armada y llevados a este centro de detención. A las pocas horas de permanencia, pidieron el traslado a la seccional segunda.

 

 

Aseguraron que la falta de elementos de aseo los motivaba a solicitar el cambio, pero escondían otra extraña razón.

 

 

Cuando se enfrentaron al juez de garantías, Fabio Monti, en una audiencia de control de detenciones, le rogaron otro traslado, porque “un ser” los atormentaba.

 

 

Según el relato de los reclusos, el espíritu de un hombre que murió en aquella penitenciaría los acosaba por las noches. Daniel Reuter, el defensor público, les creyó, por “las demostraciones de horror que vio en sus caras”.

 

 

 

Ante estas declaraciones, algunos efectivos confesaron que percibían movimientos extraños durante las noches. Aseguran que se escuchan voces y pasos, pero que jamás encuentran al responsable de los ruidos, informó el diario Hoy.

 

 

 

Ambos delincuentes recuperaron su libertad. Uno de ellos fue desvinculado de la causa, mientras que el otro quedó involucrado en una causa por “tenencia ilegal de arma de guerra”.

 

 

 




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