Los índices

Los índices sirven para todo. Uno de los índices más importantes para la supervivencia de nuestra especie es el que nos da nuestro cuerpo.

Todos los días tenemos índices que van dictaminando de qué manera vamos llevando esta vida.

Hay personas que definitivamente no creen en esto de la congruencia entre mente-cuerpo y espíritu, y tratan de solucionar absolutamente todo con alguna milagrosa pastillita.

Pero ejemplifiquemos:

La mañana, el desayuno. Todo medianamente bien, todavía no nos cruzamos con nadie para ve r cómo vamos a interactuar el resto del día. El primer cruce se da en la cocina, el pulmón de la casa. El segundo comentario tirado en la mesa, luego de los buenos días, cae un poco pesado. La ceja izquierda se levanta y se frunce la boca. Fin de la conversación.

No importa, la llegada al trabajo será más gratificante. Las ocho horas laborales se transforman en una mezcla rara y peligrosa: no demasiada gente como para cosechar dinero, pero tampoco tan poca como para que no salte algún trastorno. Debe ser un virus contagioso ese de levantarse con la ceja elevada. De pronto todos los que vienen tienen el mismo gesto.

La única salida del día es para cumplir con el regalo del día del niño. El comercio en donde estoy parece un paraíso: los empleados no creen seriamente que tengan un trabajo: es tanto lo que van y vienen sin hacer nada que estoy dudando de que el salario que reciben sea el justo. Luego de una hora y varios reclamos al gerente que parece recién egresado de la primaria, logro irme por fin con la compra realizada.

El fin de la jornada ya es un trastorno adicional, la energía del día hace que salten hasta los tornillos de la puerta de entrada, irrisorio.

Cuando por fin logro acomodar mi cabeza nuevamente en la almohada, repaso:

  • en la semana pasé 5 actualizaciones de precios en donde alrededor de 5000 productos subieron de precio;
  • las noticias directamente me queman el cerebro, mejor apagar el tv
  • tuve que sacar turno con el kinesiólogo para aflojar mi espalda, turno con el psicólogo y probablemente haga un poco de reiki también, sin contar con la actividad física que permite que no tenga que andar en silla de ruedas

Mientras trato de darme vuelta en la cama, siento la rigidez que se extiende desde la cintura hasta la base del cuello, el dolor de cabeza, el sistema digestivo irritado, todas señales y SOS de mi cuerpo que dice basta, me estás matando.

Ok, apaguemos la luz y veamos que sigue mañana.

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