Divagaciones del perro caminante

Hay hechos que llegan en el momento indicado, una frase, una película, un acontecimiento, un llamado, un libro.

Mientras leo el libro que hace honor a la cultura slow, y luego de que los acontecimientos fast de mis últimas semanas me llevaran a cometer errores bastante importantes, ahora camino.

Caminar es un acto que me ha llegado al estar privada de la maravilla de las cuatro ruedas, la cual nos lleva a destino fast, fast, fast.

Pero, como perro que trata de sacar provecho de cada experiencia (luego de despotricar y reponerme), mis caminatas me están haciendo dirigir a otros ámbitos de mi introspección.

El perro camina por la calle. No hay manera de que escoja deslizarse por la vereda (no se olviden que no vivo ni en Madrid ni en Buenos Aires, sino en un pueblo). La calle me hace sentir más libre, la libertad se expresa cuando logro no tropezar con veredas irregulares o personas que te rozan en el apuro sin darse cuenta, ni hablar si alguien te saca con agua al baldear la vereda.

Este simple acto, aparte de airearme, me ha abierto los poros a nuevos olores, sonidos, experiencias. Nada digno de hacer una película holliwoodense, pero tal vez si una de esas medias raras, en donde las pequeñas cosas son las protagonistas.

He observado que mientras camino soy observada, como si antes no me hubiesen visto por esos lares. Soy un elemento nuevo en la urbanidad de los caminantes, aunque no por eso menos distante.

No hay manera de que te digan un piropo si vas a 80 en un auto con vidrios polarizados, bueh, tampoco es que me llueven los piropos….

La vuelta de la noche, es especialmente curiosa. Cuando el horario llama a la mesa, el repiqueteo de mis pasos se confunden con cubiertos sobre la mesa, con olores a diversas comidas, con discusiones, charlas y televisores prendidos, otros caminantes pasan ajenos, tal vez por la costumbre de hacerlo regularmente.

Y mientras camino, pienso, miro, siento, busco el clic, me río sola de algún recuerdo y lagrimeo con algún otro.

Ese tiempo que me demanda, que no son más que quince minutos en una ida o vuelta, son ganados.

De ninguna manera he de sacarlos de otra actividad, son minutos que caen como un regalo necesario.

Respirar hondo y seguir…

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