Labor científica argentina premiada

Hay gente que trabaja, más silenciosamente que otra.

Me detuve en esta nota por algunas cuestiones: las hazañas científicas o médicas no están en el rating de lo más visto, publicado o leído en nuestro país, y sin duda hay muchos héroes anónimos, que sin importar su nacionalidad dan batalla en tierras desconocidas.

Hoy les hago llegar la historia de Pablo Goldschmidt, un virólogo residente en París, quien ha recorrido 21 pueblos de Guinea Conakry y siete de Paquistán con un tratamiento oftálmico para el tracoma.

El tracoma es una catástrofe sanitaria. En el siglo XIX, ciudades como París, Londres o Moscú eran las capitales del tracoma, pero hoy sólo lo padece la gente más pobre del planeta. “Lo que subleva -dice Goldschmidt- es que, tratado antes de los diez años, es perfectamente curable. Basta con lavar a los bebitos, para que baje la prevalencia significativamente.”

Guinea-Conakry es considerado el país más pobre del mundo. Los detalles de este amargo privilegio son aterradores: con una expectativa de vida que no llega a los 50 años, el 60% de los hombres y el 82% de las mujeres que componen su población de unos 10 millones de habitantes son analfabetos. Es más, el producto bruto nacional de este país africano que se asoma sobre el océano Atlántico, cuyos miserables caseríos carecen de agua potable y letrinas, ¡y donde ni los hospitales tienen electricidad!, disminuyó un 16% en la última década.

En este escenario desolador, un virólogo argentino encontró una forma barata y eficaz de tratar el tracoma, una infección que se manifiesta en los niños inicialmente como una conjuntivitis, pero que sin tratamiento produce una grave irritación en los párpados, ulceraciones oculares y cicatrices que pueden conducir a la ceguera.

Hubo que pelear, también, contra la corrupción, y las trabas políticas y culturales del lugar. “Los tratamientos de azitromicina llegaban por millones, pero cantidades desconocidas iban a parar a los burdeles -afirma Goldschmidt-. Como se usan también para tratar enfermedades venéreas, como la gonorrea y la sífilis, a los chiquitos no les llegaban. Ahora esperemos que con las gotitas no se desvíen los recursos.”

La pobreza extrema que hace posible esta infección es algo que no se puede imaginar y a nadie parece importarle -lamenta el investigador, que puso a disposición de la comunidad científica todos sus trabajos publicados por el British Journal of Ophthalmology y la revista Ophthalmic Epidemiology -. ¡Pensar que hay 50 millones de enfermos de tracoma y un centenar de gripe aviaria! Y que para el tracoma hay cura…”

La Nación


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