“Luz y sombra, sombra y luz… Velásquez pintó la cara…”

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Seguramente no es un sueño compartido, pero para quien vive un poco aquí, y otro en la nebulosa, ninguna fantasía es tan disparatada.Y por qué no ser una campesina anónima o una cortesana descocada que tiene el lujo de sacarse pesados vestidos y corsets; y ser inmortalizada con su desnudez en un óleo.

No debe haber existido pinceladas más eróticas que aquellas.

Sí: definitivamente quiero ser la Venus del espejo.

Dice la página del Museo del Prado que como parte del programa inaugural de su ampliación presentará la exposición “Fábulas de Velázquez”, primera muestra que explora y profundiza en la faceta del maestro sevillano como pintor de historia. La exposición reunirá 28 obras de Velázquez junto a otras 24 de diecisiete artistas diferentes que permitirán al público apreciar el contexto creativo en el que el sevillano realizó algunas de las pinturas más significativas de su carrera. Entre las obras de Velázquez que podrán admirarse en la exposición se incluyen 12 préstamos, como la Venus del espejo, procedente de la National Gallery de Londres, una de las obras más emblemáticas del artista que se conserva fuera de España. (Museo del Prado)

Información sobre la obra (fuente Artehistoria)

Es la única obra conservada de Velázquez en la que aparece una mujer desnuda, aunque sabemos que pintó alguna más. Por supuesto, nadie duda de su autenticidad, pero sí existen discusiones en torno a la fecha: unos piensan que la hizo en 1648 y otros que fue en Italia, entre 1648-1650. Lo que sí es cierto es que apareció en un inventario en 1651 como propiedad del Marqués de Eliche, gran amante de la pintura de Velázquez y de las mujeres, por lo que se piensa que puede representar a su esposa o a una de sus amantes. Quizá por despistar, el pintor coloca el rostro del espejo difuminado para así reflejar el cuerpo desnudo de la dama que el marqués amaba. Existen numerosas referencias en la obra: Rubens, Tiziano, Giorgione e incluso Miguel Ángel. Pero el sevillano supera a todos ellos y coloca a una mujer de belleza palpable, de carne y hueso, resaltando aun más la carnación gracias al contraste con el paño azul y blanco, o el cortinaje rojo que da gran carga erótica al asunto. Posiblemente esto provocó que una sufragista inglesa acuchillara el cuadro en 1914 con siete puñaladas que apenas sí se notan. Da la sensación de que el artista ha sorprendido a Venus mientras Cupido, resignado, sostiene el espejo en el que se refleja el rostro de la belleza, aunque lo que deberíamos ver sería el cuerpo de la diosa. En cuanto a la técnica, cabe destacar cómo el pintor utiliza una pincelada suelta, que produce la sensación de que entre las figuras circula aire, el famoso aire velazqueño.

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