El deporte y el perro… no el deporte y el hombre

25029451.jpg

 

 

Mientras la rutina hace su trabajo y tiñe todo de ese color que anda entre el pastel y el salmón, algún chispazo interno nos dice que tenemos que cambiar el rumbo, por lo menos el rumbo de la siguiente media hora, o un poco más.

Primera opción: jornada dedicada al paracaidismo. La oportunidad que estaba esperando se esfumó tan rápido como duró la llamada telefónica en la cual me dijeron el precio de tirarse maniatada a un instructor desde los cielos.

Segunda opción: en un acto desesperado por no parecerme a Moby Dick en la playa, busco alguna otra actividad física distinta de la que hago, el objetivo es doble: divertirme (¿?) y ponerme en forma.

Empiezo a recorrer las ofertas disponibles en la materia, más de lo mismo, (bici de interior, yoga, pilates, aero local, aero box, aero etc, artes marciales, inflarse levantando peso, salsa, baile del vientre) hasta que encuentro un grupo de aprendizaje para correr.

Empezar a trotar a fines de octubre es toda una experiencia en donde pueden ocurrir algunas variables, pero otras cuestiones son muy fijas, a saber:

El descoloque con el resto del grupete es notorio. Mientras los demás corren como gacelas, (porque lo hicieron durante todo el año y además fueron a lugares exóticos como Talampaya a correr duatlones) uno en la primer vuelta irremediablemente se pone de color camarón, emite sonidos extraños, (como de quien necesita ya un tubo de oxígeno) mientras acallamos a nuestra mente que dice “quiero parar ya de hacer esto”.

Mientras tanto, para escapar al propio boicot del alma, trato de concentrarme en el recorrido y su paisaje.

A la una de la tarde la plaza del barrio puede ser un lugar extraño y totalmente multifacético.

Autos con vidrios polarizados esconden parejas que tratan de charlar sobre algún acontecimiento personal. Otras parejas más abiertas, se desparraman sobre los bancos a hacerse algo parecido a la resucitación cardio pulmonar.

Algún desubicado y caminante ocasional, dice alguna cuestión relacionada con seguirme corriendo a otro lado… me dan ganas de hacerle algún gesto obsceno pero las piernas no me dan para correr más rápido si reacciona.

Otra vez mi corazoncito esforzado me llama la atención. Focalicemos entonces en los beneficios físicos: a la tarde voy a estar tan reventada que no me van a dar las piernas ni para atender detrás del mostrador. No, eso no era.

Recuerdo que una amiga me habló una vez de la zanahoria: ese objeto animado que va delante nuestro para incentivar el tranco. Justo delante de mí va el novio flamante de esa misma amiga. Zanahoria descartada (además ni con Fangio XXI lo alcanzo).

Faltan dos vueltas, ya ni el comentario del profesor de que no parezco de 37 me anima.

Entre tanto divague se pasa la hora entre bocanadas de aire y llamados al pensamiento positivo.

Bien, hasta la próxima clase.

Blogalaxia Tags , , , , , ,
Technorati Tags , , , , , ,

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s