El pequeño gran cacique patagónico

 

10 de noviembre, 9 de la mañana. Un cronista de Buenos Aires está haciendo una nota sobre Ceferino Namuncurá en Chimpay, provincia de Río Negro. El viento es terrible, el frío castiga. El periodista tiene cara de preguntarse si lo mandaron a Chimpay en un viaje despedida. Para los que conocemos la zona, debo decirles que es tal cual el desierto patagónico. El río apenas si de da vida junto con los sauces al paisaje.  Los dos mil habitantes del lugar se ven invadidos todos los años por los fieles que van en procesión por Ceferino.

Este año la expectativa aumenta: Ceferino quedará a un paso de la santidad.

Mientras veía la imagen de Ceferino, pensaba en por qué lo “lookearon” en esa forma: de la sangre mapuche no quedaba nada, y se podía divisar una escultura totalmente oxigenada y ajena a la realidad.

Tal vez ese es el tema que se esconde detrás de la beatificación: la conquista del hombre blanco, de la religión y el momento en que las raíces indígenas en nuestro país se perdieron.

Acaso este homenaje es otro signo más de conquista?

Repasemos la historia:

“Ceferino Namuncurá nació, el 26 de agosto de 1886. Era hijo del cacique indígena Manuel Namuncurá (heredero de Calfucurá, el legendario jefe mapuche que resistió largamente a los blancos en su avanzada hacia las tierras del sur) y de una cautiva, Rosario Burgos.

 

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Los peregrinos en Chimpay

Estudió en un colegio de los Padres Salesianos y allí descubrió su vocación: quería ser sacerdote para llevar a la gente de su raza el mensaje del Evangelio. Desde muy joven su salud no era muy buena, pero comenzó sus estudios sacerdotales en Viedma. Allí lo descubrió Monseñor Cagliero y decidió llevarlo a estudiar a Roma, creyendo que el cambio de clima lo beneficiaría.

Una vez en Roma es recibido por el Papa Pío X frente al cual pronuncia un breve discurso. Su salud continuaba desmejorando y finalmente, al año de encontrarse en Roma, fallece. Era el 11 de mayo de 1905 y todavía no había cumplido los 19 años. Se dice que el Papa, entristecido, dijo: “Era una bella esperanza para las misiones de la Patagonia, pero ahora será su más válido protector”. Hoy en día este “indio santo” de la Patagonia se encuentra en proceso de canonización.

Años después sus restos fueron trasladados a la localidad de Pedro Luro, en la provincia de Buenos Aires, en lo que fuera el Fortín Mercedes, lugar histórico fundado por el General Juan Manuel de Rosas durante su expedición al sur. Actualmente hay en el lugar una reconstrucción de un fortín de la época que los visitantes pueden recorrer”.

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Una cara de la moneda relata el complicado momento en el que vivió Ceferino:

 

“La vida de Ceferino transcurre durante los años de la Campaña del Desierto, llevada a cabo por el General Roca para conquistar el inmenso territorio del sur argentino, hasta ese momento habitado casi exclusivamente por los indígenas.

Los salesianos establecieron un plan de dominación de los pueblos indios que apuntaba a la conversión de los niños y los más jóvenes, para llegar a través de ellos al sometimiento de los adultos o los mayores de las tribus. Convertidos (o dominados), los indios, en particular los mapuches, dejaban de ser una amenaza para sus intereses y los de los terratenientes y militares de la época. El dominio de las tierras estaba garantizado a partir del dominio de las almas. En este contexto se produce la conversión de Ceferino y su posterior beatificación, ayudado por una muerte en plena juventud. Los indios ya tenían su santo y su mártir, y esto atrajo a los más reticentes a las iglesias de los salesianos e hizo que los hijos de la “gente de la tierra” inundaran los colegios “de curas” que poblaron esta zona de la Patagonia. Así se llevó a cabo esta otra conquista, paralela y contracara de la conquista militar del General Roca.”

Los argumentos a favor de los salesianos es que éstos en ningún momento establecieron un dominio por la fuerza, sino a través de la educación, la religión y enfatizando en los lazos de hermandad: por ello es que tanto blancos como indios concurrían a los mismos colegios y recibían en mismo tratamiento.

Fuente: Marita Alasio (Patagonia-Argentina.com)

 

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Mientras tanto La Coordinación de Organizaciones Mapuche (COM) rechaza la beatificación de Ceferino Namuncurá, abogando que la beatificación es ‘una distracción para un pueblo que ya no se distrae’.

Material de lectura que les recomiendo: CEFERINO NAMUNCURÁ, UN SANTO MAPUCHE

 

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Un pensamiento en “El pequeño gran cacique patagónico

  1. Maravilloso Ceferino, un muchacho maravilloso que tal vez no debía estar en éste mundo tan cruel. Muy milagroso, la gente lo venera, si uno tiene fé, Ceferenino es un ser de luz, curativo. Recémosle y pidámosle nuestras necesidades que él intercederá ante nuestro Padre para satisfacer nuestros pedidos. Gracias Ceferino por todo tu amor hacia tus semejantes, tu espíritu siempre está a nuestr lado.
    Te quiero mucho……………una ferviente adepta tuya.

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