Revolviendo cajones

Me he puesto a ordenar algunas cosas y me he encontrado con mi persona actuando en otras circunstancias y con otras conductas.

A veces parece que mi pasado está tan lejos en distancia que para recordar algunos detalles necesitaría una regresión a vidas pasadas. Me habré estado drogando todo este tiempo y no me dí cuenta? También es probable que me hubiese golpeado y tenga amnesia. O que me esté volviendo como alguno de estos personajes famosos que se lo pasan diciendo que ellos se inventaron a sí mismos, re reconvirtieron, se autoanalizaron y su sola existencia ya colma sus vidas.

Pero volvamos al Chapter One.

Atrás ha quedado la hija. Ese papel es uno que no desempeñaré de nuevo -hay papeles que no vuelven a repetirse-. En este caso el telón se bajó.

Atrás ha quedado un matrimonio, enterrado en el fondo del mar por el olvido, la distancia y los años. Está tan hundido que el agua no me permite ver nada coherente. A simple vista parece la vida de otro narrada en primera persona. Pude haber sido yo jurando frente al altar amor eterno? My God! Estaré unida en los cielos con un señor que hace mil años no veo!

No, perdón eso también quedó para mi ex persona, ya no me manejo con algunos parámetros.

Mientras observo la inmensidad del fondo del océano, veo que no todo lo que hay son barcos hundidos, también hay algún que otro tesoro, alguna página escrita, algún delirio plasmado con lápiz.

Alentada por la cantidad de horas que he pasado sola durante mi infancia, siempre tuve a mano en mi pequeño mundo hojas, una máquina de escribir, libros, diarios íntimos (dos ediciones nada más que terminaron en las cenizas) y por supuesto música en sus más diversos formatos.

Pareciera como que el período de expresarme escribiendo duró hasta que me pareció que tenía mi vida encaminada. Me enamoré, y mi último relato fue totalmente profético y de despedida: las mejores cosas ocurren en Abril.

Dentro de algunos escritos recuerdo cuando deliraba con alguna casa en la playa (parece que en ese momento las olas y el viento eran lo mío).

Esa casa era el lugar en donde íbamos a terminar juntos (con algún pobre diablo que me soportara) hasta los últimos días de otoño. Como en ese momento no tenía las cosas muy claras (quién tiene las cosas claras a los veinte, a los treinta, a los sesenta?) creo que me describí en esa estancia sola y recordando a alguien que todavía no conocía y ya estaba muerta -obvio-. No hay nada mejor que escribir cosas trágicas, para divertida está la vida.

Hoy más cerca de estar los últimos años con un perro y al pie de las sierras, pienso en todos estos años tirando cosas, y sin embargo hay otras que se siguen salvando y salvando.

No sé si uno puede desprenderse tan fácil del pasado, pero que la memoria selectiva ayuda mucho, no hay dudas.

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