El semáforo y la bocota del perro.

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Convencida de que este perro vino al mundo para expresarse en forma escrita, ha dejado de lado el temita este de pulir la cuestión oral.Es como cuando vemos a una persona que no maneja bien: anda a los tirones, no le emboca ni por casualidad a los cambios, circula por el medio de la calle, de los espejos ni hablar. Esporádicamente tiene algunos momentos de lucidez, casi siempre cuando va solo en algún camino rural.

La comunicación oral del perro es totalmente extremista: peca de abundante o escaza dependiendo el momento. Y a esta cuestión quiero llegar.

Cuando el semáforo está en verde, y las palabras transitan raudamente, existe el riesgo de que este animal hable de más. Cada vez que esto ocurre, quiere convencerse de que no cometió falta grave ni perjurio, no se le escapó ningún secreto de estado, simplemente fue espontáneo.

Ser espontáneo en el diálogo implica que las palabras no pasen por la trituradora ni otro artefacto detector de palabras fuera de lugar.

Abreviemos: la espontaneidad debería ser usada para tener sexo y apenas dos o tres cuestiones más, pero no para explayarse verborrágicamente.

Por suerte hay muchos otros momentos -cuando los neurotransmisores están conectados adecuadamente-, en los que piensa antes de hablar. Este acto puede tomarse como denigratorio de lo auténtico. Pero atenti, podemos ser auténticos y suaves… o no? Olvídalo.

Volvamos al semáforo. Cuando el semáforo está en rojo, casi siempre vemos a un perro represivo que se quedó con ganas de decir la mitad de las cosas. Ahí tenemos las consecuencias: contracturas, alguna hora menos de sueño, la mente divagando en una conversación imaginaria que no ocurrió, finales optativos de la supuesta charla… eso sí las pocas amistades que tenía todavía existen. (¿?)

Se puede vivir cometiendo sincericidio constante? Se puede ir por la vida expresando todo lo que uno piensa, lo que uno sabe -menos lo que se juró por los hijos, el perro, la tía y varias cruces que no saldría de allí-?

Las chicas atorrantas de mi grupo dicen: “No preguntes lo que no quieres saber” (a lo cual hago poco caso), pero qué consejo se puede dar para no escuchar a un perro desatado?

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