“…decidir si convertirse en un buen vino o ser una simple uva desprendida del racimo.”

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“Si habré aplastado cucarachas en estos cincuenta y tres años. Y siempre para sofocar el grito de alguna mujer. Primero era mi madre, después Gloria, después mis dos hijas. Solo la nieta no grita. Le gustan las cucarachas y a veces juega con ellas. Se las mete en la boca, como si fueran dátiles y todos corren desesperados y la obligan a escupir, pero yo creo que una cucaracha es menos peligrosa que un dátil, porque las cucarachas no tienen carozo. Los dátiles, sí. Mi nieta come cucarachas. Mi nieta… Si casi no me dejan verla. Gloria me la trae a veces, a escondidas. Me la trae para que nos vayamos conociendo. Debe de andar por el año, un poco menos quizá, ya perdí la cuenta. Aquí se pierden todas las cuentas y todos los partidos, todo se pierde aquí adentro. Mi casa ya no es mi casa, es una cocina en la que preparo una tortilla. Y una cucaracha que me mira. Me mira y espera.”

Este fragmento pertenece al cuento Matar una cucaracha, de Claudia Amengual.

Pude a conocer algo de esta escritora en el consultorio de mi nutricionista. Sí, tal cual. Fue en la sala de espera. Empecé a hojear una revista y me encontré con algunos puntos muy interesantes sobre la vida de Amengual. Interesantes para mí persona debo decir.

Justo cuando estaba por la mitad de la nota, es que me llaman. La oportunidad de terminar de leerla llegó un mes y medio después, cuando pude volver a rescatar la revista entremezclada con todas las demás de la sala de espera. Hoy se encuentra frente a mí, y no porque me la hubiera metido en la cartera sigilosamente, sino porque la pedí prestada, como corresponde.

Mientras ustedes piensan en cuál es mi peso en estos momentos, les voy a contar qué me gustó de la nota.

La certeza de que teniéndolo “todo” -a saber: marido bueno, fiel, buenmozo, casa linda, profesión, hijos, auto, etc- hay algo que dice que no es así. Es el clic del que he hablado en otras oportunidades. Es el momento en el que te preguntas: “Pero si tu lo tienes todo mujer! De qué te quejas? Por qué te angustias?” (me salió onda Madrid).

Dicho en las palabras de Amengual:

“Durante años sentí que vivía la vida que no quería. Que vivía para los demás. Que tenía que responder a lo que los demás esperaban de í. Yo quería el mito de la familia Ingalls. Me lo creí. La verdad es que tenía una mirada bastante ingenua de todo, infantil. Con esa ilusión construí mi vida. Nada de eso es tan malo, todo lo contrario, pero hay que saber a qué precio uno va logrando esas cosas…”

Claudia fue la mejor alumna, la hija perfecta, se casó a los veinte años, tuvo dos hijas, trabajaba. Todo parecía tener su ritmo.

“Durante todo el día nos surgen miles de dudas, pero las vamos tapando con las cosas de todos los días, y seguimos y seguimos…Mejor no ver lo que a uno no le gusta. Ahora, si parás un poquito y ves hacia dónde vas, podés asustarte…”

Según la escritora la definición de la mujer perfecta es la de alguien muy inseguro que busca la aprobación de los demás. La perfección es el camino más corto hacia la frustación, siempre.

Y… salir de la comodidad requiere un esfuerzo, hay que pagar un precio, pero me parece que nunca tan alto como el precio de vivir una vida que no nos calza.

Y así es como llegué a Claudia Amengual.

“-O sea que viene de un tiempo de cambios.

-Si me alcanza el valor.

-Por qué no?

-Porque a veces tira más la comodidad, el miedo…

-También hay un límite para la hipocresía. Uno no puede mentirse todo el tiempo, no?

– Y de dónde salen las fuerzas?

– Del propio cansancio.

– Pero cómo se sabe cuándo es el momento?

– Cuando ya no das más, Diana. Al final, después de aguantar, después de engañarse mil veces y esperar el milagro del cambio, uno termina por aceptar que está siendo un hipócrita, que se miente desde que abre los ojos y sigue mintiéndose hasta que los vuelve a cerrar. Eso no es vida. Uno no puede engañarse para siempre. Y es ahí, Diana, es ahí cuando hay que decidir si convertirse en un buen vino o ser una simple uva desprendida del racimo, una uvita sin importancia que nadie echa de menos.”

Fragmento de su última novela Desde las Cenizas.

Biografía

Claudia Amengual nació en Montevideo en 1969. Es traductora pública y coordina un taller de narración en el Colegio de Abogados del Uruguay. Cursa la Licenciatura en Letras de la Facultad de Humanidades, y lleva adelante una investigación cuyos resultados han sido publicados y presentados en congresos internacionales: “El efecto de la globalización en el idioma español” (Buenos Aires, 2001); “Fecundación e hibridación del español” (Lima, 2002); “La neología en el españolactual” (Buenos Aires, 2003). En 2003 le fue otorgada una beca por la Fundacion Carolina para estudiar edición en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universiadd Internacional Menéndez Pelayo de Santander. En 2004 participó del III Congreso de la Lengua Española en Rosario, Argentina.

Ha escrito varios cuentos, algunos de los cuales han sido publicados y otros premiados en concursos. Es autora de las novelas “La rosa de Jericó” (2000, Punto de Lectura, 2005), “El vendedor de escobas” (2002, Punto de Lectura, 2005), y “Desde las cenizas” (Alfaguara, 2005). Participó en la antología “La vida te despeina” (Planeta, 2005) con un fragmento de una de sus novelas. Su obra indaga en lo que subyace a la superficie de las relaciones afectivas, especialmente de las familiares; los personajes suelen reguntarse por la inercia de su cotidianeidad y por la caducidad de ciertos vínculos. Sus historias no plantean respuestas, sino interrogantes acerca de la responsabilidad que cada uno tiene sobre la propia existencia.

En 2006 fue galardonada con el Premio Sor Juana Inés de la Cruz por su novela Desde las cenizas (Alfaguara, 2005), en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL). El premio da la opción para que la obra ganadora sea traducida al inglés y publicada por la editorial Curbstone Press.

A partir del concepto “en el suicidio no hay libertad”, trabajó en una novela que explora los mecanismos que se ponen en funcionamiento y los que dejan de funcionar cuando una persona se quita la vida. “Más que una sombra” (Alfaguara, 2007) es el resultado de dicho trabajo.

Fuente de la nota: Revista Sophia 09/2005.

PD: hay que decirle a la nutricionista que ponga revistas más nuevas

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