Esa maldita costumbre de mimetizarnos

Los datos que daré a continuación no son para nada científicos y han salido de la escueta observación de “El Perro” y su entorno, lo cual obviamente es muy subjetivo.

Veamos: oficinas, comercios, lugares de trabajo repletos de empleados mimetizados con the boss. Suena el teléfono: de pronto el cliente no sabe con quién habla (supongamos que son todos femeninos), entonces allí viene la pregunta del millón:

P: Sos María?

R: No.

P: Sos Rosana?

R: No. (Atención: las respuestas pueden ir acompañadas de algún tipo de suspiro imperceptible, ya que está comprobado que una mala actitud del otro lado de la línea no es bueno para la afluencia de las ventas)

P: Ah! Entonces sos Mercedes! Siempre me confundo la voz.

Esto puede deberse a:

Opción a) Qué casualidad, las tres mujeres que trabajan juntas tienen el mismo timbre de voz.

Opción b) Estas chicas hablaban distinto, pero la empatía, las largas horas de trabajo, la mimetización etc., ha hecho que ahora hablen con el mismo timbre.

Salgamos del trabajo y vayamos a los hogares.

Muchas veces nos hemos puesto a observar matrimonios o parejas de larga data que parecen como hermanos mellizos: se visten armónicamente, hablan por turnos, están totalmente de acuerdo en todo o no pero lo solucionan de una manera muy elegante, tienen gestos similares, copian tics, se ríen de lo mismo, reconocemos en sus rostros y manera de caminar demasiadas cosas en común.

Cuando recorremos el camino de la amistad, ocurre más o menos lo mismo, aunque con más intermitencia. Convengamos que la amistad puede ser polígama (una de las grandes cualidades), de modo que estas características van y vienen de acuerdo a quien uno esté más apegado circunstancialmente. Es así como cambiamos nuestras costumbres, las películas que vemos, el médico, la forma de vestirnos, etc. de acuerdo a las juntas.

Creo que uno de los primeros síntomas de mimetización, ocurre con los padres. Esto debe ser antes de la etapa de rebeldía o independencia, como quiera verse. Queremos imitarlos, chuparles el conocimiento, emularlos, ser como ellos, en un gesto que incluye la admiración y la devoción. Eso es hasta que nos damos cuenta de que nos separan años, costumbres, ideologías.

Seguramente muchos de ustedes pensarán que estas no son más que conductas adolescentes: es decir, sólo le pasa a los chicos que transitan esa etapa o las personas adultas que pasan por esto no han madurado todavía. Puede ser, pero observar que son muchos los adultos con este poder me hace dudar.

Es una conducta totalmente insana para el individuo la mimetización con alguien de su estima? Es un acto involuntario, inconsciente o es parte del halago? Hay personas inmunes a estas cuestiones? Debemos inflar nuestro ego con algún motor para que esto no ocurra?

La mimetización nos hace imperceptibles, de hecho en el reino animal es un artilugio utilizado para no ser cazado. Basándonos en esta premisa, las personas que más se mimetizan pueden ser las que más se adapten al medio, las que menos resistencia opongan, las que hayan olvidado en algún rincón el aroma original con el que vinieron a este mundo.

Particularmente la mimetización en la pareja nos hace perder de vista nuestros deseos, en la amistad nuestras opiniones, en el trabajo nuestro diseño personal.

Tal vez sea tiempo de revisar donde dejamos guardado nuestro molde.

 

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