Estacionando maridos

Parece que la ciencia lo confirma, a los hombres ir de shopping con sus mujeres los pone de la cabeza, y a las mujeres arrastrar a estos tipos de mala gana por todos los locales también las altera bastante. En caso de que sea necesario ir con estas especies de compras (digamos que la necesidad surge cuando la billetera es manejada por el sapiens), han ideado un salón especial para dejarlos entretenidos. Sería una cosa así como el pelotero pero para hombres.

Estaría bueno que pudieran contemplar alguna clase de guardería de hombres nocturna también… a no, perdón, para eso existen los lugares de diversión masculinos, que es a dónde van cuando dicen que hay un asado en la peña de no se dónde.

Parte de la nota:

En 1998, el psicólogo británico David Lewis midió el estrés en hombres y mujeres mientras compraban regalos para Navidad. Sus conclusiones señalaban que el 25% de las féminas mostraban algún síntoma de estrés, mientras que prácticamente el 100% de los hombres sufrieron un incremento considerable de la presión sanguínea y el latido del corazón. De hecho, los niveles de estrés en ellos en los peores momentos de la compra eran comparables a los que sufren los pilotos de combate o los policías antidisturbios en situaciones de emergencia.

Los descubrimientos de Lewis dan sentido al aparcamaridos que acaba de inaugurar el centro comercial Gran Vía 2 de Barcelona, una sala para que ellos puedan ver la tele o leer la prensa mientras sus parejas hacen la compra.

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No da para más esta nota, sorry.

PD: la verdad que he sido grosera con los hombres, quiero pedir disculpas no sin antes ejemplificar:

Situación hipotética:

Fin de semana en Mar del Plata

Día 1

Familia tipo: dos mujeres y dos hombres.

Los hombres se van a “recostar” luego del almuerzo en el hotel mientras las mujeres buscan baratijas en el centro. Luego de entrar y salir de miles de negocios, revolver canastos, probarse pantalones con el calzador y ver cómo van vestidas otras de la misma especie, vuelven con algunos billetes menos, más cuotas en la tarjeta y algunas bolsas. Para minimizar la situación, se enfatiza en la cantidad de ofertas que se consiguieron: “Mirá esta remerita, me salió 20 pesos!” Tratamos de no ponernos el pantalón para no escuchar ningún comentario del tipo “Te comiste todos los postres o estás hinchada”.

Día 2

Ya regresando, decidimos hacer un recorrido final pero todos juntos. El sapiens mayor decide comprarse calzado deportivo, a lo que la mujer acompaña en la odisea. Varias casas de deporte en el haber y nos encontramos con que el número perfecto de zapatilla no existe, si no sobra del costado sobra de largo y si no tiene cordones muy largos,la suspención no es la adecuada, el cuero no es ecológico y la mar en coche. Al finalizar, (es decir cuando eligió la zapatilla Nike que usan los corredores profesionales) aprovechamos a agarrar una pelotita de fútbol (no de oferta, preferentemente la oficial de algún lado con alguna camiseta también, por qué no?) y es ahí cuando las mujeres afirmamos: “El lo vale”.

Machista? No, que va.

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