“El sol nos olvidó ayer sobre la arena…”

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South Beach – Michael Kahn

Cansada de fotografiar almas ajenas, traté de internarme por unos minutos por algún conducto que me llevara adentro mío.

Mi cabeza estaba tan compenetrada en las vidas de los demás, que ya estaba perdiendo el rumbo de la mía.

Tan sólo la noche anterior mis sueños eran invadidos por las aventuras de una persona cercana. Ya ni en sueños le era fiel a mis fantasías.

Tan sólo tenía unos minutos de descanso y empecé a recorrer mi oficina con la mirada, buscando no sé qué…

Empecé a tratar de ordenar algunos papeles que estaban sobre el escritorio en un acto desesperado de auto imposición del deber.

Igual me distraje mirando hacia la biblioteca.

Estiré el brazo y agarré uno de los tantos libros viejos que estaban más o menos alineados. Ya en la primera página una anotación del año 87 decía:

“Al único hombre que trajo a mi vida truenos, relámpagos y el arco iris. Ocurre una vez y es para siempre. Para mí sólo y único amor, con todo mi corazón, querido Popeye.

Olive”

Otra vez lo mismo. Hice una mueca amarga con la boca, miré el escritorio desordenado, deseché el trabajo sin hacer en un cajón, todavía tenía unos minutos. Traté de pensar en otra cosa.

El libro y la maldita anotación. Seguro debí de haberla copiado cuando tenía uno veinte y todavía creía que el amor también había sido fraccionado generosamente para mí.

La última sesión con el psicólogo (ya estábamos envejeciendo juntos) fue un desastre: el mismo pseudo maltrato personal, la postura de víctima, las mismas lamentaciones una y otra vez.

La vida era algo que le pasaba a los demás, las aventuras, los grandes amores estaban reservados para Hollywood, mis amigos, compañeros de trabajo e incluso para mi patética vecina.

Luego de escuchar, desde algún lugar por detrás de mi cabeza, lo distante e independiente que soy como mujer y bla, bla, bla, me marché diciendo amargamente “hasta la semana que viene”.

Tratando de hilvanar algo con más coherencia pienso en las últimas reuniones con mis amigas de la vida.

Ultimamente son como un parto doloroso: escuchar lo bien que les va con la misma pareja de siempre, con otra distinta, con la misma y otra distinta. Una cantidad infinita de variables se abre para ellas.

Mientras tanto me repiten el clásico “Ya te va a llegar a vos” o el más sincero: “Es que no estás abierta”. Es allí cuando me pregunto irónicamente de qué forma hay que abrirse…

Seguí ojeando el libro hasta que encontré la flor disecada. No se crean que tengo tantas rosas escondidas en libros: es la única.

Rosa roja, por supuesto, envuelta en una nota de amor. Una letra bastante achatada me decía algo sobre la cosa romántica.

Sí, había tenido mi oportunidad de aventura., esta y la otra vez que alguien se bajó de una camioneta para preguntarme si quería un café… se entiende, no? La vez que un cliente me llamó por teléfono para saber si estaba desocupada no cuenta.

Fue sin querer. Primero fueron varios encuentros en un verano, sonrisas, miradas, música, las mismas personas en común, gustos compartidos.

Sentía que estando cerca de él era la persona que había querido ser siempre: osada, arriesgada, inteligente y hermosa. “Siempre sos así?” Me preguntó mientras yo pensaba que mi persona se estaba convirtiendo en una fruta madura y a punto.

El calor del verano pasó, y cada uno a sus ciudades y sus ocupaciones.

Pero dicen que a veces el destino insiste e insiste.

Luego de pasar el año entre los vaivenes cotidianos y poniéndole pulmotor a la relación de toda la vida llega de nuevo enero. El brindis, el compromiso de cambio, el ahora sí, y las vacaciones en la misma playa de todos los años.

Ese verano fue el momento del todo o nada. Para el primer encuentro ya todo estaba dicho: fueron varias noches de frío pensando uno en el otro. Los ratones estaban más que crecidos.

No tuve miedo, me sentí protegida, amada y cuidada. Nunca supe cómo me las arreglé en la clandestinidad, pero el verano galopaba y nosotros dábamos a morder cada uno nuestras “pieles de manzana”. La verdad nunca volví a hacer el amor con un tema de El Nano.

Entre el calor y la pasión, las mentes divagaban mal, y a las tres semanas los planes de envejecer juntos ya copaban la agenda junto con algún apodo dicho cariñosamente.

Los últimos días de febrero llegaron, con ellos el viento del este barrió los sueños que quedaron sobre la arena, sus poemas, las rosas…

La fuerza del compromiso y las obligaciones doblegaron los sueños, las distancias, kilómetros, trabajos, horarios pudieron con todo.

Sólo dos llamadas para ratificar lo actuado y luego nada.

Miré la PC, y alentada por el recuerdo, puse su nombre en las páginas blancas. Miré los cientos de kilómetros y años de distancia. Me parecieron muchos.

Llamaban a mi puerta.

Acaricié la rosa disecada, la volví a guardar y seguí en el surménage de mi vida diaria.

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