La vida que no es cuento

Para estas fechas no es inusual ver todas las versiones del cuento de navidad, habidas y por haber, en televisión.

Entre las opciones para evitarlas podemos alquilar alguna zaga lo suficientemente larga como para ni siquiera verlas en el zapping: por ejemplo Piratas del Caribe con sus tres partes y el Making Off: fácil seis horas de entretenimiento.

Luego de corroborar que no tienen tentáculos en la barbilla y con ganas de tirarse de alguna cuerda, pensamos en el temita este del cuento…

La base del cuento es que la avaricia conduce a la soledad, al encierro y por qué no a un final de vida macabro. También incita, por supuesto, a pasar las navidades reconciliados con nosotros, nuestra familia y el mundo. Amor, amor, amor.

Pero qué pasa cuando solucionado el pecado de la avaricia uno no puede solucionar la cuestión de la reconciliación?

Los cuentitos estos, los sermones en la iglesia y los consejos del vecino siempre simplifican la cuestión: con voluntad se puede pasar la topadora a todo el pasado y empezar de nuevo como si nada hubiese ocurrido.

Por fuera opinamos, “Pero cómo es que no te hablas con tu hermano!” (Reemplacemos por padre, madre, hijo, etc, etc), sin saber en realidad si la herida existente requiere ser reparada, o en la distancia está la propia reparación.

Muchos creerán que estoy haciendo apología del distanciamiento. Pero preguntemos: se puede perdonar el abuso, la falta de cariño, la mentira, la violencia y muchas otras situaciones que hacen que muchas personas no se junten para Navidad? Otra pregunta: sólo se trata de perdonar? Creo que muchas de estas cuestiones se resuelven con la distancia porque sólo se trata de protegerse a uno mismo: terrible acto de egoísmo éste.

La vida no es un cuento de Navidad. Estas fiestas demos una vuelta de tuerca, prioricemos nuestro deseo (no estoy poseída, lo digo en serio), nuestras necesidades, la intuición que nos alerta cuando alguien realmente no nos tiene afecto. Lo importante no es estar rodeados, lo importante es estar en paz con uno mismo. Cómo se llega a ese horizonte? Y bueno, eso ya es mucho pedir.

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3 pensamientos en “La vida que no es cuento

  1. Coincido plenamente con vos Pat, hay heridas que sólo la distancia las cura. Por otra parte, soy enemigo de la hipocresía. Sólamente confío en la diplomacia para temas políticos, pero en la vida, cuando alguien te hiere y no tiene intenciones de cambiar o revisar sus actos, uno no tiene porque hacer el esfuerzo de compartir un momento que bien puede hacerlo con la gente que sí ama y que lo sustenta cuando uno es herido, humillado, abusado, golpeado, etc.

    Que la pases muy bien, la reflexión siempre trae cosas buenas. Y si no, como dijo Ghandi, y muy bien lo tenés en el encabezado, tal vez las cosas no tengan que resolverse en tu tiempo y habrá que aceptarlas.

    Un gusto enorme haberte conocido Pat.

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  2. Es curioso que encontrara tu blog, describiendo un sentimiento que por desgracia conozco y comparto, pues después de intentar por todos los medios la “paz”, entre mis “padres” y yo, la única salida es la distancia.
    Es duro, aunque en estas fechas más, pero parece que sólo para mí. Aunque prefiero mi soledad a la aniquilación que he padecido únicamente, por intentar que mis progenitores sean mis padres. Pero la distancia no es la solución, pues sigue doliendo, pues sabes que están ahí.
    Ya no tengo la fuerza para luchar , por su cariño además no lo necesito. Supongo que me ha tocado vivir sin su amor, tengo 40 años, y te aseguro que hasta ahora lo he intentado, pero tengo que reconoce que estoy mejor sin ellos aunque siempre añoraré el amor de mis padres.

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  3. Sí, parece que estamos en loa misma vereda con estos sentimientos hacia los padres. Luego de tantos años de terapia lo único que te puedo decir que he logrado discernir entre padres biológicos (o progenitores como vos los llamas) y la paternidad afectivamente hablando. La distancia es el mejor método de protección que he encontrado, me sirve, no me lastima. En mi caso particular ha sido más dolorosa la cercanía. Acaso se puede añorar lo que no se ha tenido?
    Saludos

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