Tirando monedas chinas

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Siempre por propia imposición me tocaba estar de espectadora y analítica.

Esa iba a ser otra vez, no había por qué cambiar.

La noche ideal, la temperatura adecuada. De anfitriona y punta en blanco, tenía la mesa preparada con velas a la luz de lo que se presentara al aire libre.

Pensé que para despedir el año entre amigas nada mejor que acudir vestidas de blanco. Paz? Armonía? Pureza? Bueh, tampoco la pavada, un simple ritual para despedirnos de las horas que nos habían hecho dichosas, caprichosas, entusiastas, desconfiadas, risueñas y con alguna lágrima extra.

Los días se habían alargado y la fecha parecía que no llegaba. Las expectativas de siempre, aunque más relajadas, dispuestas a entregar lo que tuviésemos a mano. Luego de un poco de alcohol, comida ligera y algo disfrazado con chocolate.

Pasadas las doce llegó la hora de la bruja. Traté de verme dentro de uno de estos personajes esotéricos, espectadores, tratando de abrir la mente y comprender los disparatados caminos de las artes adivinatorias, y los oscuros pasillos de los deseos de sus clientes.

Sin bola de cristal ni otro artilugio más que mi Libro de mutaciones y tres monedas chinas, me dispuse a que cada una de mis compañeras hiciera su tirada y leerles el significado del hexagrama en suerte.

Bastante escéptica debo decirles que estaba la intérprete en cuestión. Aclarando que tampoco estaba muy ducha en el tema -he de recordarles que en lo personal llevo una sola tirada en la cual la perseverancia elevada a la décima potencia me agotó- se me chispoteó el hecho de que tenía que leer las líneas 6 y 9 nada más, sin contar que a cada rato se me confundían el lado Ying y Yang de las monedas.

Una vez desterrada la primera víctima, la segunda se escabulló como quien ya tiene el destino marcado -para ser más clara el destino la estaba esperando para esas cosas que uno se junta en materia del amor-.

Así pasaron hasta que quedamos dos, una para tirar, otra para leer y solas en el patio con la única compañía de música Chill Out.

El diálogo fue muy corto:

-Vas a preguntar lo mismo?

-Sí

Variantes más, variantes menos ese fue más o menos el intercambio de palabras.

Una línea y otras cinco más terminaron con la cuestión, había que buscar la descripción. Al leerla literalmente los colores se me subieron a la cara, bingo.

Y allí quedó la tirada, alimentando esperanzas, pasiones, hojas de almanaque. Confirmando lo confirmado.

A los pocos días soñé con ella. Estaba totalmente cambiada, casi era otra persona viviendo su nueva mutación.

O la mía? Esa parte no me quedó clara.

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