No todos los riesgos se miden con la misma vara.

Riesgo.

La primera oportunidad en la que se me presentó la palabra que me siguió durante los últimos días, fue tan solo hace una semana. Un hombre mayor (mayor de cuarenta, de cincuenta y creo que de sesenta), cliente mío, nos comentaba que se iba a comprar un auto nuevo. Oscar -que así se llama-, se mueve usualmente en uno de esos cachirulos de cuatro ruedas totalmente reformado, hasta el punto de haber perdido la noción de su contextura original. Creo que ni siquiera tiene que abrir las puertas, ya que cuenta con algún material que se corre para entrar en el vehículo.

Oscar tiene por afición volar, por lo que la velocidad no es nada nuevo, por lo menos por los aires. La idea de comprarse un nuevo auto era para poder ir a 180 Km por hora en la ruta. Mi primera reacción fue: qué bueno, me parece genial, cuándo sino? Esto en un intercambio de opinión con un tercero que decía que ya era muy mayor para eso.

Riesgo.

Esta palabrita se nos mete en el café de la mañana para seguirnos durante toda la jornada y hasta cuando dormimos. La vida es un riesgo.

Abrir la heladera descalzos, cruzar la calzada desatentos, tropezar en el cordón de la vereda, ser objeto de un atraco a mano armada, ir a la ruta a 100 y que venga uno de frente en un puente sobrepasando a dos colectivos de línea, enamorarnos y no ser correspondidos, iniciar un negocio justo en un año de crisis…

El riesgo nos divide en diferentes bandos. Los que no se animan a nada por si…, los que continuamente se arriesgan al límite del descuido, los que compaginan un poco de cada cosa. Seguramente el entorno, la familia, las responsabilidades, el tener que perder más o menos es lo que nos va haciendo más o menos arriesgados.

Aún las personas que no quieran asumir ningún riesgo, de alguna manera lo están viviendo: uno de ellos es el riesgo psicosocial tan comúnmente llamado stress, también podemos recordar al tan poco mentado riesgo país, el riesgo de vivir en un país con tantos altibajos emocionales y económicos, o un mundo que cae en el descuido.

Definitivamente el riesgo es parte de nuestras vidas, y muchas, pero muchas veces nos ayuda a lograr muchos objetivos, y se presenta vestido de oportunidad. Otras simplemente nos hace ver cuán vulnerables somos.

“En la vida todo es ir a lo que el tiempo deshace. Sabe el hombre dónde nace y no dónde va a morir”. Juan Antonio Corretjer

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