Subidos al tren del engaño

La única manera de ver el engaño como una odisea romántica es cuando somos protagonistas. Amores prohibidos, amores imposibles, adrenalina, escondites, Los puentes de Madison.

Cuando el engaño es vivido por el tercero engañado la historia es otra. Deja de ser una película romántica para convertirse en tragedia, si es que hay chispa para encender la pólvora.

Aparentemente -por los comentarios- vivimos en una sociedad en donde parece que cada cual tiene lo suyo, y el que no está enterado es siempre el mismo: el tercero. Pero es tan así? Son en realidad tantas las parejas que viven aventuras enredados en otras sábanas?

Y las personas involucradas, realmente se la creen esa de que nadie lo sabe? Por las dudas no interferir en el hermoso encanto, sobre todo cuando te enteraste por el que trae el correo de Oca que fulanita sale con el marido de menganita…

Son tantas las personas que no saben o son más las que no quieren saber?

Soy una convencida que en muchas parejas el acuerdo tácito dictamina el “No preguntes” y un cúmulo de necesidades satisfechas (económicas y de las otras) cierran el contrato en donde dice que “yo te doy tanto pero me quedo con algunas libertades”.

Quiero pensar que fuera de esas situaciones aún existen parejas que privilegian la honestidad por sobre todas las cosas, porque en definitiva lo que duele es la mentira… o el tamaño?

Aunque hablando de honestidad, tengo una anécdota en donde el hombre en cuestión fue tan sincero que le describió con lujo de detalles a su mujer la fabulosa experiencia vivida, el tamaño de algunos complementos físicos y más. Tal es así, que la mujer, en estado de trapo de piso, pensó por un momento que la solución era ponerse siliconas en el busto. La película terminó espectacularmente bien: la mujer lo perdonó y volvieron. Luego ella se enamoró -de otro claro-, se lo comunicó a su debido tiempo y le dijo: Esta medicina viene en una sola dosis. The End.

También existen otras honestidades, la de los amigos. En este caso la mujer o el hombre pueden ser sorprendidos por su amigo/a en un acto de sinceridad brutal. La primera reacción seguramente será de sorpresa, luego de descreimiento, luego el amigo quedará relegado en el cajón de las personas a evitar. La pareja? Todo viento en popa.

Uno como espectador, como amigo o como cercano debe recordarse todo el tiempo que mejor es no saber, mejor no inmiscuirse, mejor no averiguar. Cuántos menos nombres se manejen en la mente mejor, siempre juega alguna mala pasada.

Eso sí, en las crisis no hay nada como acompañar, contener y tratar de ayudar a apagar el incendio: ese que comienza con bronca, odio y confusión y nunca se sabe cómo termina.

Pero bueno, me quedo con los consejos de la autora de Inteligencia Erótica, Esther Perel, quien nos habla de la “fidelidad como de la lealtad y no solamente como una sexualidad exclusiva, como una lealtad emocional, como compromiso con la relación pero que no siempre se manifiesta con una exclusividad sexual”. (Intramed)

Habrá que estar abiertos…

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