Miguel Hernández: poeta, pastor y guerrero.

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Foto: archivo diario El País

“Para la libertad me desprendo a balazos

De los que han revolcado su estatua por el lodo.

Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,

De mi casa, de todo”.

Siento que hace una eternidad que empecé con este post. Este nace con la palabra herida dando vueltas en mi cabeza, y en realidad estaba orientado hacia otra cosa, lo cual por lo que pueden leer no surgió.

Al pensar en las heridas, automáticamente me vinieron a la cabeza los versos de Miguel Hernández en la voz de Serrat: las heridas del amor, la muerte y la vida.

“Llegó con tres heridas:

la del amor,

la de la muerte,

la de la vida”.

(Fragmento) Miguel Hernández

No puedo de ninguna manera honrar estos versos con heridas superficiales y ocasionales del alma; la obra de Miguel Hernández y su vida merecen mucho más.

Y aquí estoy, con un post largo pero que vale la pena leer, sobre todo para quienes sepan saborear los buenos versos y admirar esas vidas cortas que nos pasan por arriba. Cuanto más leo del poeta, más quiero incluir en este tributo. Imposible, he decidido crear links al final para quienes quieran saber más de su vida y obra.

Sus versos son escritos con sangre, y dolor. Estos pueden resultar muy tristes y desgarradores -como uno de mis preferidos “Elegía a la muerte de Ramón Sijé” que dice:

“Quiero escarbar la tierra con los dientes,

quiero apartar la tierra parte a parte

a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte

y besarte la noble calavera

y desamordazarte y regresarte.

Y volverás a mi huerto y a mi higuera…”

(Fragmento) Miguel Hernández

Este poema no es otra cosa que una hermosa manifestación de amor ante el amigo que muere.

Dice Neruda -otro amigo de Hernández- en “El Pastor Perdido” :

“Aquellos días y siglos
en que a Miguel Hernández,
los carceleros
dieron tormento y agonía,
la tierra echó de menos
sus pasos de pastor sobre los montes
y el guerrillero muerto,
al caer, victorioso,
escuchó de la tierra
levantarse un rumor, un latido,
como si se entreabrieran las estrellas
de un jazmín silencioso:
era la poesía de Miguel”

(Fragmento) Pablo Neruda

El final de la vida de Hernández es absurdo, deambulando de cárcel en cárcel luego de la guerra civil y muriendo a los treinta y un años. Es aquí cuando el verso “para la libertad, sangro, lucho, pervivo” adquiere la dimensión exacta y su significado real.

Hernández no sólo nos dejó rastros en Orihuela -su pueblo-, o las paredes de los muros de la cárcel de Alicante con inscripciones, sino ejemplos de compromiso y lucha para con su país.

Mi vínculo con el poeta viene de la mano de Serrat, gracias a quien me han llegado la mayoría de los versos que conozco.

“Corría el año 1972, cuando Serrat graba un álbum dedicado a el poeta Miguel Hernández, símbolo del absurdo de la Guerra Civil y víctima de los vencedores. Temas como Para la Libertad y Nanas de la cebolla se convierten en canciones simbólicas en España y varios países latinoamericanos. Para la libertad será mucho más popular por estas tierras (América Latina) donde la represión, directa y brutal, se ceba en los jóvenes que luchan contra las dictaduras”.

En el caso de Nanas de la cebolla la musicalización del tema se lo debemos al argentino Alberto Cortez, quien relata el origen de la melodía de la siguiente manera:

“Una noche tarde, ya en esas horas en que comienza a despuntar la madrugada, noche cálida de verano, caminábamos “ella” y yo matando el tiempo y acumulando sueño para irnos a dormir por el puerto de Alicante. En una pequeña barca un hombre preparaba sus aperos para salir a pescar y mientras tanto canturreaba una monótona canción con el cigarro entre los labios. Nos detuvimos un momento a observar la escena y escuchar aquel melancólico canto. Un rato después regresamos a nuestra casa, un pequeño apartamento en la playa de San Juan, primera y única propiedad que habíamos conseguido atesorar con mi trabajo y que íbamos pagando en cómodas e interminables cuotas.

Era un refugio frente al mar incubador no sé de cuántas canciones que nacieron entre aquellas paredes con el Mediterráneo como cómplice. Antes de ir a la cama extraje al azar de la pequeña biblioteca un libro de Miguel Hernández y al abrirlo sin precisión alguna lo hice en las páginas que contenían las “Nanas de la Cebolla”.

Desde que lo leí por primera vez, este poema me ha conmovido hasta las lágrimas. Al leer la primera estrofa de golpe ocupó mi mente el clima de la canción canturreada por el pescador un rato antes en el puerto. Tomé la guitarra y en forma de obstinato con la sexta actuando de pedal rítmico compuse la música para estas increíbles nanas. A la mañana siguiente canté la canción para “ella” y juntos nos emocionamos hondamente.

Pasó bastante tiempo y un día me llamó Serrat preguntando si era cierto que yo le había puesto música a aquellas nanas….”

Alberto Cortez registra Las Nanas de la cebolla en su disco A mis amigos en 1975.

Nanas de la cebolla es escrito por Miguel Hernández desde la cárcel, versos dedicados a su segundo hijo que nace durante su cautiverio.

La cebolla es escarcha

cerrada y pobre.

Escarcha de tus días

y de mis noches.

Hambre y cebolla,

hielo negro y escarcha

grande y redonda.

En la cuna del hambre

mi niño estaba.

Con sangre de cebolla

se amamantaba.

Pero tu sangre,

escarchada de azúcar,

cebolla y hambre.

(Fragmento) Las Nanas de la cebolla- Miguel Hernández

“Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles, te mando estas coplillas que le he hecho, ya que para mí no hay otro quehacer que escribiros a vosotros o desesperarme. Prefiero lo primero, y así no hago más que eso…” 12 septiembre de 1939, carta de Hernández a su esposa.

Dice Serrat:

“Conocí a Miguel Hernández en uno de aquellos bancos del umbrío jardín de la Universidad, la vieja y entrañable Universidad Central a cuyo balcón principal un glorioso día se asomó la libertad para arrojar sobre la acera el busto altivo del dictador. Gran día aquél. Luego llegaron sus lacayos y nos comieron a palos, pero no importa.

En aquellos bancos hablábamos de amor, conspirábamos contra el régimen, leíamos poesía y tomábamos el sol al mismo tiempo. En aquellos claustros, en aquellos jardines, en aquellas aulas, entre octavillas clandestinas y apuntes de Genética Aplicada, también iban de mano en mano los maravillosos libros que desde Argentina nos hacía llegar la Editorial Austral -bendita sea- y que nos devolvían a aquellos que fueron condenados al ostracismo, con toda su voz y todo su acento. Aquellos libros eran ventanas abiertas por las que entraba un aire nuevo que ventilaba el tenebroso tiempo de la dictadura.

Quisiera que los que escuchen estas canciones recuerden que su autor fue un poeta perseguido, condenado y encarcelado. Un hombre que murió en prisión por el delito de pensar y escribir cosas como las que aquí pueden oír.

Fue un pastor de cabras, fue una persona comprometida con su gente y con su tiempo. Un hombre sencillo y sensible que amaba la libertad y decía: “… soy como el árbol talado que retoño y aún tengo la vida” … y se la quitaron.

Que el destino mantenga fresca la memoria y nos libre de aquellos que asesinan a los poetas y a la poesía”.

Fuentes:

Serrat, Canción a canción de Luis García Gil.

Joan Manuel Serrat de Margarita Riviére

JMSerrat.com

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El pastor perdido” – Poema de Neruda a Miguel Hernández

“Elegía a la muerte de Ramón Sijé” Miguel Hernández – 1936

Fundación Cultural Miguel Hernández

Página dedicada al poeta

“La muerte de Miguel Hernández es un símbolo de la España que pudo ser y no fue” Artículo diario El País

Para escuchar algunas musicalizaciones de su obra pueden ir a la otra plataforma.

 

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