Estos días azules…. el amor platónico de Machado y Guiomar.

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Cuando pienso en Antonio Machado, vienen a mi mente los versos de Cantares, La Saeta o He andado muchos caminos, todos temas musicalizados por Serrat.

Pero Machado también nos ha dejado su historia de amor…

Antonio Machado a Guiomar

“Lunes, en “nuestro rincón”.

Aquí, en nuestro rincón, vida mía, empiezo mi carta cuando tú no habrás llegado todavía a tu casa. Así combato yo la amargura de este momento terrible de la separación, ese principio de tu ausencia, tan violento, que es tanto como un desgarrón en las entrañas. Porque así pienso yo que estas palabras mías te llegan al oído y te acompañan en el camino. Adiós, mi diosa, mi vida, mi gloria! Aquí se queda tu poeta con la ilusión… con la conciencia de que es una ilusión el tenerte todavía a su lado. Ay, ahora cuánto sufro! Qué soledad tan grande! Pero, también, qué momentos de suprema alegría acabo de vivir. Y cuando pasen estos momentos del tránsito de tu presencia a tu recuerdo, que son los verdaderamente trágicos, volveré a ser feliz con tu imagen rememorando y recordando una por una tus palabras y tus labios y tus ojos! Cuánta vida has venido a dar a tu poeta! Y cuántas cosas no te he podido decir, porque la emoción no me permite coordinar mis ideas cuando estás a mi lado. El amor tiene más gestos que palabras, y cuando se complica con la necesidad del freno… Ay! Tú no sabes bien lo que es tener tan cerca a la mujer que se ha esperado toda una vida, al sueño hecho carne, a la diosa… Ahora que estoy solo, quiero llorar un poco, de amor, de gratitud, si no se me rompería el corazón.

Son las diez y media. Comienzan a venir gentes alegres. Es día de moda -me ha dicho el mozo- en esta casa. Yo me voy a la mía”.

Esta carta no contiene fecha. Sus protagonistas son la poetiza madrileña Pilar de Valderrama (Guiomar) y Antonio Machado. “Nada más verla…” dicen los testimonios del primer encuentro entre Machado y Guiomar.

“No puedo expresar la emoción que tuve al encontrarme con él y estrechar su mano. Era el poeta tan admirado el que estaba ante mí, con su desaliño, sí, pero con un rostro bondadosísimo, una frente ancha y luminosa, una cabeza, en fin, admirable sobre un cuerpo alto, desgarbado y poco atractivo. Al verme, no supe qué pasó por él, pero advertí que se quedó como embelesado, pues no cesaba de mirarme y apenas habló para decirme cuánto sentía estar tan ocupado con los exámenes, que no podía acompañarme ni atenderme como sería su deseo. Añadió que dos días después terminaba su actuación en el tribunal y tenía que irse ineludiblemente a Madrid, lo que lamentaba, pues le agradaría verme y serme útil”.

Lo que parece la puerta abierta a un laberinto de pasiones y sexo desatado, fue la puerta abierta a una estricta amistad impuesta por ella, un amor platónico sin contacto físico ni material. De este amor nacieron doscientos cuarenta cartas escritas por Machado en un lapso de siete años, de las cuales no todas se salvaron de la guerra civil y otras que sobrevivieron tampoco se salvaron de la corrección de esta madama, quién parece intentó cubrir los versos más desatados.

También quedaron: el testimonio de Valderrama en Sí, soy Guiomar…. Memorias de mi vida (1981) y las Canciones a Guiomar escritas por Machado.

Según Ian Gibson (autor de “La vida de Antonio Machado. Ligero de equipaje”):

“Pilar de Valderrama es una mujer con muchos problemas, aterrada por el cuerpo y el sexo, ultracatólica, casada con un donjuán, que busca la gran ternura que aprecia en la poesía de Machado. Es una mujer confusa, que sufre, que no es demasiado valiente y que no tiene la culpa de ser Pilar de Valderrama”.

Toda esta situación nos puede llegar a parecer sumamente idílica: dos poetas escribiéndose cartas de amor, deslumbrando uno al otro con las más rebuscadas composiciones literarias. Aunque, yo mantengo firmemente, que con enamoramiento de por medio, se pueden escribir -aunque sean en el celular- , los más hermosos mensajes de curso romántico.

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“Tu poeta

piensa en ti. La lejanía

es de limón y violeta,

verde el campo todavía.

Conmigo viense, Guiomar;

nos sorbe la serranía.

De encinar en encinar

se va fatigando el día.

El tren devora y devora

día y riel. La retama

pasa en Sombra; se desdora

el oro de Guadarrama.

Porque una diosa y su amante

huyen juntos, jadeante,

los sigue la luna llena.

El tren se esconde y resuena

dentro de un monte gigante.

Campos yermos, cielo alto.

Tras los montes de granito

y otros montes de basalto,

ya es la mar y el infinito.

Juntos vamos; libres somos.

Aunque el Dios, como en el cuento

fiero rey, cabalgue a lomos

del mejor corcel del viento,

aunque nos jure, violento,

su venganza,

aunque ensille, el pensamiento,

libre amor, nadie lo alcanza”.

Canciones a Guiomar – A media voz

 

 

Pilar de Valderrama nació en Madrid en 1892 y murió en la misma ciudad en 1979. Poeta refinada, y de hondura, pública el poemario Las Piedras de Oreb (1923), que envía a su admirado Antonio Machado. Éste le dedica elogios en su columna de Los Lunes del Imparcial, lo que le da cierta popularidad y reconocimiento. Sin embargo, y para su desgracia, Machado se enamora de ella dedicándole las Canciones de Guiomar, nombre que la eternizaría, convirtiéndola en musa del poeta y dando al traste con su carrera literaria. Autora a reivindicar por méritos propios, su obra está compuesta además por los libros Huerto cerrado (1928), Esencias (1930), Holocausto (1941) y su Obra poética (1958). Probó suerte también en el teatro con la pieza Lavida que no se vive (1934) y la comedia Tercer Mundo. Se publicó su autobiografía, ya póstumamente, llamada, Sí, soy Guioma: Memorias de mi vida. (Antología de poesía hispanoamericana)

 

Biografía

 

Machado muere el 22 de febrero de 1939, en la localidad francesa de Collioure.

Su último verso:

 

 

 

“Estos días azules y este sol de la infancia”

Más info y fuentes:

Abel Martín

Nodo50.org

Antología de poesía hispanoamericana

Reportaje a Ian Gibson, autor de la Biografía de Machado

 

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5 pensamientos en “Estos días azules…. el amor platónico de Machado y Guiomar.

  1. Me ha gustado leer tu trabajo porque desconocía totalmente el dónde y el cómo del encuentro de Machado y Guiomar.Por sus “Canciones a Guiomar”,podias deducir tanto que se fugan porque el amor es libre como que el se va sólo y la lleva en su pensamiento.Me ha producido tristeza que ella no quisiera amarlo publicamente.Eran los tiempos de la República en un Madrid liberal.Creo que fue cobarde y no quiso dejar su cómoda situación económica y social.Machado merecía que se le quisiese abiertamente.Espero que ella sufriera por su cobardía.
    No sé si eres sólo una amante de la poesía o incluso una nieta o bisnieta de Pilar.No importa,gracias.

  2. Pingback: Me confieso: Soy adicta a los libros

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