La mirada

Hace unos días hacía referencia a la mirada, por medio de un tema de Aute –Acaso-.

He llegado a la conclusión de que tanto la mirada como el acaso son fundamentales para sostener la utopía de la comunicación sin palabras.

Por qué digo esto? Pues, porque como buen perro que soy, mi expresión es totalmente corporal, y las palabras no salen de ninguna manera en el momento indicados ni en el tono adecuados.

Esta complicación en la comunicación, es todo un tema. Sobre todo cuando se conoce a una persona nueva. Cómo demostrar agrado?

Las personas hemos pasado por alto miles de signos vitales que marcan nuestras vidas, uno de ellos y primordial es el lenguaje de los ojos, otro es la intuición.

Hemos apartado tanto a la intuición, que cuando creemos que nos tocan timbre no estamos seguros de si sonó o no.

Esa energía magnética que puede haber entre dos personas que recién se conocen, apenas si es percibida por unos pocos afortunados que a veces se tiran a la pileta.

Los que no se tiraron son los que se preguntan si eso en realidad no era una corriente de aire porque estaba la ventana abierta.

El caso, es que, ignorar estos síntomas, desoírlos y encima no tener claro de si son certeros o no, naufragan en el mismo océano de la incomunicación verbal. Como buena oyente, amiga y confidente, siempre recomiendo que se preste atención a estos síntomas, aún cuando lejos de ser de amor o empatía sean de desagrado.

Como buena consejera, obviamente que no hago caso a mis palabras, es por eso que aún permanezco apoyada sobre una pared, mirando inmóvil, pensando en mis inseguridades, en lo que podría decir y no digo, en las palabras que no salen.

En fin…

…acaso una mirada me bastara

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Un pensamiento en “La mirada

  1. Un guerrero de la luz sabe que, en el silencio de su corazón, existe un orden que lo orienta.
    El guerrero de la luz conoce la importancia de la intuición.

    En medio de la batalla, no tiene tiempo para pensar en los golpes del enemigo. Entonces usa su instinto y obedece a su ángel.

    En tiempos de paz, descifra las señales que Dios le envía. Sabe que la intuición es el alfabeto de Dios, y continúa escuchando el viento y hablando con las estrellas.

    Los guerreros de la luz se reconocen por la mirada. Están en el mundo, forman parte del mundo, y al mundo fueron enviados sin alforja ni sandalias.

    El Guerrero de la Luz. paulo coehlo.

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