Toca tus runas y pregunta… pregunta…

Se que colgué en un árbol mecido por el viento

nueve largas noches

herido con una lanza y entregado a Odín,

yo mismo ofrecido a mí mismo,

en aquel árbol del cual nadie conoce el origen de sus raíces.

No me dieron pan ni de beber del cuerno,

miré hacia lo hondo,

Tomé las runas

las tomé entre gritos,

luego me desplomé a la tierra.

Rúnatal – Edda poética (Wikipedia)

En estos días estoy devorando La suma de los días, libro de Isabel Allende. Con este libro y El Mundo de Millás, confirmo que mis gustos van siempre a la par de lo autobiográfico, la narración en primera persona y el protagonismo del que escribe.

Ya en los primeros capítulos me encontré con el círculo de las Hermanas del Perpetuo Desorden: una suerte de grupo femenino con su propia frase de cabecera: “No hacer daño jamás y hacer el bien cuando se pueda”.

Nunca se me ocurrió sugerirles al grupo de atorrantas -en total somos cinco- que bautizáramos nuestro grupo con algún nombre adecuado. Aunque desorden bien puede estar en el título, atorrantas también.

Nuestro grupo está muy lejos de tener un nivel espiritual elevado, más que nada son nuestros pensamientos dichos en voz alta, revueltos muchas veces por algunas copas de buen vino encima, mucho darle vuelta a las cosas, mucho razonar, mucho soñar, mucha crisis y catarsis.

Lo bueno de ser cinco, es que no es un grupo lo demasiado numeroso como para que alguna quede colgada, tampoco es un grupo tan resumido como para aburrirse.

No sé por qué, pero en las últimas reuniones, se me ha dado por llevar algunas cositas extra de entretenimiento.

Los libros relacionados con el sexo de momento han quedado relegados para otra oportunidad más propicia. Y es aquí cuando podemos decir que al fin el grupo está intentando -forzosamente claro- algún tipo de conexión espiritual.

Ouija? Copa? No, aún no intentamos con eso.

Pero en cualquier momento.

Luego de las tiradas del I Ching de fin de año, y visto y considerado que aún teníamos menos de la mitad de las respuestas que queríamos, el martes me encaminé hacia las tres casas de libros que hay en la ciudad. Luego de desembolsar una suma interesante, me vine con el Libro de las Runas bajo mi brazo. Una cajita preciosa, con un libro diminuto y una bolsa con algunas piedras redondeadas.

Como la cena tenía lugar al día siguiente, me dediqué ese mismo día a hacerme todo tipo de tiradas. Aprendí que se pueden hacer diversas: una runa, tres runas (pasado-presente-futuro), cinco y hasta siete runas que vienen a aclarar el panorama.

Una vez que nuestros estómagos y nuestras lenguas veloces estuvieron satisfechos de comida y novedades, nos dispusimos a las tiradas.

Como buena bruja, no pude menos que encabezar la situación. Ahora que lo pienso al menos me podría haber puesto algún pañuelo en la cabeza o una túnica blanca.

Luego de relajarnos y pensar seriamente en una pregunta puntual, una a una fuimos tirando nuestras tres runas. A medida que cada una tenía su veredicto, fuimos tomando conciencia de la gravedad del momento: habíamos tomado mucho y cualquier respuesta que nos daba nos calzaba, o realmente esas piedritas con símbolos extraños nos estaban diciendo cosas impactantes.

Risas, lágrimas, temblores, no puede ser, golpes de puño, en fin. Asombro al cien por ciento.

Lo cierto es que cada una quedó conmocionada, pensando, analizando, tratando de escapar de la sugestión, llamando a la razón o librándose al mensaje mítico de la noche.

“Cómo es posible que estos símbolos grabados en piedras respondan con tanta claridad y certeza? Es nuestro inconsciente el que se manifiesta, estimulado por el arquetipo que cada una representa. Cómo saben lo que puede suceder? En el reino del espíritu, como en el de los procesos inconscientes, el tiempo no es lineal” Martha Beatriz Carranza del libro Runas.

Las runas eran consideradas, y vuelven a serlo, instrumentos mágicos, portadores de secretos y generadores de poder. Algunos creen que la runa es un símbolo y como tal una emanación de energía que puede despertar nuestros sentidos o crear emociones. Pero las runas son a la vez oráculos constituyentes de rituales, que los quirománticos actuales califican de perfectamente eficaces. El término “runa” implica la noción de “aquel que sabe”, en alemán antiguo: cuchichear. “Run-wita”: iniciar en los secretos. Pero la palabra proviene del escandinavo “Rûn” que significa “secreto” y “Helrûn” adivinanza. Por lo tanto, leer las runas sería algo así como “aprender a desvelar los secretos”. Cada runa tiene un significado y una apelación, en magia o brujería, y ofrece varios niveles de lectura.

Desde el punto de vista de las creencias neopaganas actuales, las runas tienen un sentido espiritual, que encamina hacia un sendero de vida o de evolución. Se les atribuye la facultad de revelar aquellas capacidades que están ocultas y a las que se puede acceder mediante la meditación o el desarrollo del psiquismo. Finalmente, en un plano material, la runa manifiesta para los creyentes aquello que está por venir y refiere a las armas espirituales con las que puede contar el consultante”. Wikipedia

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