Sólo divagaciones

Simon Silva

1 de enero de 1970.

Cambio de década, cambio de espacios. El hombre parecía un ser que podría conquistarlo todo, habiendo dejado hace poco las huellas en la luna. Con esas huellas marcadas, se rompía es espejismo de ensoñación sobre el satélite brillante.

1970. El año del perro de metal ya estaba en curso. Yo nadaba en la panza de mi madre biológica tratando de no enredarme con el cordón que nos unía en ese momento. Mi nacimiento fue un cimbronazo, fue el sacudón de la vida. Los últimos meses en ese medio acuoso tal vez fueran los últimos en los que mi madre estaría en paz consigo misma.

Ya ese día de enero sólo quería mi libertad. El calor y la panza protectora serían el preludio a una vida buscándola.

Internet sólo existía como una idea de red y un sueño vago. Pero hoy, en el año 2008, esa misma maravilla que permite que nos comuniquemos, hizo de las suyas y durante dos minutos volvió el reloj atrás.

En este espacio, en vez de mi nombre, figuraba esa fecha -1 de enero de 1970-, como quien tira al azar las cartas y sale reina de corazones. Tal vez fue el inicio de mi conciencia, tal vez fue el mensaje de que el reloj vuelve a contar nuevamente desde cero.

El perro nace, muere y vuelve a nacer, dejando todo atrás para empezar de nuevo.

Fue un espejismo? De pronto no me parece tan loco que alguien haya visualizado esa fecha en mi blog durante dos minutos en la madrugada de anoche.

P.D.: Post dedicado a Georgie.

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Un pensamiento en “Sólo divagaciones

  1. Gracias, Perris… No hacía falta la dedicatoria. Pero sirve para entender mi “total falta de cordura” en el comentario que dejé…

    Encima, el post lo titulaste “No está perdido aquello que no fue”… Realmente estuve por un par de minutos desconcertado… Pensé que era un juego, una broma…

    Con este post, recobra sentido. Un renacer. Desde las entrañas de tu madre. Y se me ocurre la idea…

    Sería descabellado el imaginar tener la posibilidad de volver a nacer? Cuánto de lo vivido elegiríamos cambiar? Cuánto podríamos modificar de nosotros y la circunstancia? Vale la pena descartar en una nueva vida, el dolor de la anterior?

    Al punto que quiero llegar, es: sincronizar un pasado (que dificilmente podamos borrar); un presente (a construir día a día, capitalizando hasta los errores y los dolores); y al futuro, darle carta blanca para que salga lo que salga…

    De modo tal que podamos sentir que “no está perdido aquello que fue”, para poder reciclarnos, e intentar acercarnos más a lo que, cada día y cada noche, soñamos ser.

    Cuánta tela para cortar, no?

    Besos, Pat!

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