Ateniéndose a las consecuencias

Azul II – Joan Miró

Escribir -para mi- nunca es una tarea sencilla. Las ideas vienen a paso de tortuga cuando uno no está entrenado ni tiene el talento. Para que vinieran más rápido habría que apelar más de lleno en la realidad y eso puede resultar muchas veces peligroso.

Probemos…

La primera vez que escribí algo personal, tenía alrededor de ocho años. Obviamente se trataba del famoso diario, convertido hoy en blogs, fotologs y demás afines.

Realmente me encantaría tener algún vestigio de tan antiguos escritos. Debe ser una experiencia rara eso de encontrarse con el otro yo mediando tantos años de diferencia. A falta de certezas sólo les puedo decir que ese diario terminó censurado y en la basura. Era mi primer choque abrupto contra mis propios sentimientos plasmados en el papel. Mensaje claro: decir lo que uno siente o piensa es decadente y puede traer papeles prendidos fuego.

Creo que dejé pasar algunos años, y ya en la pre adolescencia, viendo que las charlas entre amigas no eran suficientes, volví a la carga con eso del diario personal. Claro, ya con otra edad, otras ideas, otros sueños y otras concreciones.

Este diario tuvo un poco más tiempo de vida útil, incluso se dio el lujo de pasear por allí, llevando a cuestas cartas, anotaciones, dibujos, notas de amor, una rosa y una carta de la madre de mi novio diciendo lo indignada que estaba al vernos en su propia casa teniendo sexo. Too much!

Como en casa nunca se practicó la democracia, no existían los papeles confidenciales y obviamente no se permitía que los hijos tuviesen sexo antes de casarse, el diario terminó casi como el primero. Digamos que fue una especie de sincericidio: el diario íntimo terminó a la par de cualquier diario capitalino en su edición matutina. Yo quedé expuesta, y la verdad al final, fue un alivio. Eso de llevar una doble vida nunca fue para mí.

Luego de otro lapso no tan breve, mis escritos nunca volvieron a tener tintes tan personales. Sobre los veinte me animé a escribir algunos versos, alentada sobre todo por las largas y tediosas horas en las que hacía de madre y ama de casa.

He estado muriendo

Junto al tiempo que se va

Junto al sol de la tarde

Minuto a minuto

Menos sangre por mis venas

Menos latidos en mi corazón

He estado muriendo

Desde aquella noche sin luna

Muy cerca, tan lejos

Y la espera sigue

Y la esperanza se evapora

Como las lágrimas de mis ojos

He estado muriendo de tanto esperar…

El oro del azul del cielo – Joan Miró

Si, realmente estaba muerta!

Ahora que recorro un tedioso cuaderno escrito a mano -si, con alguna birome tipo Bic- no puedo creer que esas palabras hoy sinsentido me hayan pertenecido.

El broche final de algunos de estos versos, fueron algunos cuentos cortos, casi todos en primera persona y con un tinte de melancolía abrumadora. Ya en esa época estaba obsesionada con el otoño, con Serrat, Abril, el color azul, esos ojos que me matan y con el mar.

“…Ha anochecido, la cama es muy blanca y muy ancha, la mesa muy larga y muy vacía, las olas muchas para saltarlas, la playa demasiado extensa para recorrerla sola… y el horizonte está allí, para quienes alcanzan a mirarlo”.

Estos últimos escritos también tuvieron insospechadas consecuencias, fruto de la ignorancia de algunas personas que los leyeron.

Obviamente que a esto último le sucedió el período más largo en mi vida sin escribir otra cosa que no estuviese relacionada con el trabajo, alguna lista del mercado o algún número telefónico.

Lejos de querer prender fuego las cosas que me quedan, he aceptado que residan en algún hueco de mi biblioteca donde no molesten.

Cómo volví a las andadas? Como siempre, estas cosas arrancan soñando y con el empuje de alguien que nos conoce. Y como uno no estaba habituado a soñar con los ojos abiertos, algunos sentidos se van despertando muy de a poco.

Si mis escritos de hoy tienen consecuencias? Obvio, no puedo pedir menos.

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5 comentarios en “Ateniéndose a las consecuencias

  1. a mí me parece un poema precioso y de corazón

    siempre tuve diario, siempre estuve sola, así que siempre fuí leída aunque daba lo mismo, nadie escuchaba entonces.
    los tiré todos a la basura, espero que algún basurero los haya leído y llorado con ellos, y si no…aún tengo fuerzas para seguir escribiéndolos

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  2. Gracias Georgie por tu opinión, es raro leerse a uno mismo con tantos baches de no escribir de por medio. Por cierto, ya arreglé el enlace a Amores que estaba mal en el post sobre la vuelta al 1 de enero de 1970.

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  3. Ella: qué pena que los hayas tirado. Todos tenemos ese impulso en algún punto en donde queremos deshacernos de todo para empezar de cero, pero no podemos negar lo que fuirmos.
    Gracias por tu comment sobre ese semi poema.

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  4. no te apenes por mí, mi forma de crecer y mirar adelante es deshaciéndome de cosas que me rodearon, incluídos los diarios

    a mí sí que me hubiera gustado ver los tuyos o incluso tus libretas del cole…, pero es mejor así, ya no somos aquellos sino más de lo más de ahora

    sigo pensando que es un precioso poema

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