Después del granizo, el arco iris…

Día de tormenta – Scott Steele

Día de lluvia. Como muchos otros. Hoy la lluvia se esparce en los rincones del alma, por suerte no alcanzan a mojarlo todo, siempre hay un rinconcito con sol.

Mientras agradezco la tibieza del sol que me da calor y ánimos, me pregunto por qué algunas manifestaciones de amor se convierten en tristes luchas armadas.

Basta ver consultas en páginas legales para saber un poco de lo que estoy hablando. Hermosas parejas en un día lluvioso como hoy se prometieron amor mientras durara, se disputan sus miserias olvidando que alguna vez fueron compañeros de ruta. Los hijos pasan a ser tristes aliados presionados por alguno de los dos padres o por los dos. La división es de poderes y material. La raíz se quiebra para siempre y con suerte alguna semilla caerá un poco más lejos para seguir con su vida.

Todo se transforma dicen por ahí.

En el transcurso de la duración de una pareja, cualquier elemento brindado como prueba de confianza, confesión, secretos y demás útiles personales, se transforman en dardos llegado el momento del despecho y la separación.

Uno siempre promete no llegar a esas instancias, no ser despechado ni despechar, no embarrar la cancha ni herir. Pero el momento llega y a las promesas se las lleva el viento.

Los álbumes de fotos quedan escondidos en algún lugar inaccesible, los porta retratos desaparecen, el lugar vacío del placard se va ocupando, la casa que estaba vacía se va transformando, nuevos horarios se instalan, nuevas costumbres y con suerte el sol que entra por la ventana una vez que la tempestad se ha ido.

Durante la tormenta, mientras trato de esquivar las piedras, el agua y el viento, recuerdo la fortaleza y la entereza que toda la vida tuve para enfrentar algunas decisiones. Es en ese punto en donde a pesar de que algo en mí dice no puedo más, donde sigo para adelante siendo yo al cien por cien.

Hoy mi runa dice:

La aparente catástrofe trae consigo la energía necesaria para reconstituirse. Es el imprevisto granizo capaz de echar a perder el esfuerzo de la siembra. El gigante que arremete contra nuestra seguridad, con su implacable fuerza. Contra él no se puede luchar. Pero la capacidad de regeneración no tiene límites. El granizo destruye las partes más expuestas de las plantas, más las capas internas permanecen incólumes. Después del granizo, el arco iris, la vida que recomienza con más fuerza.

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