Buscando un camino diferente a los demás

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Artist: Ron Schmidt

Playa, arena, mar. Lejos de mis pies y de mi pelaje ávido porque lo roce el viento del atardecer junto con los suaves rayos de sol.

El año pasó como un tsunami para El Perro, año de contrastes, decisiones, engaños, altibajos, salir y entrar, subir y bajar.

Mientras espero el siguiente otoño que mudará mi piel nuevamente, repaso los lugares en donde he estado desde este último otoño, que hoy parece tan lejano y cercano a la vez.

Esta es la introspección más larga que he tenido y de la cual aún no conozco el fin. En ella he encontrado a otra personita que clamaba desde dentro por salir. La mujer apasionada, atrevida, con sueños y sin quedarse parada al borde del camino. Este año dejé las consecuencias del dejar ser y del destino para actuar, aún corriendo el riesgo de cometer errores. Quién no los comete?

Hace un año apenas si estaba leyendo El Mundo de Millás, sumergida en páginas negras y dulces de mi infancia. Cuando desperté de ese letargo que implica sumergirse de lleno en páginas escritas con letras apropiadas miré por la ventana y divisé lo que había sido hasta el momento. Una persona con alegrías superficiales y sentimientos tapados y escondidos.

Todo en esta vida empieza con un sueño disparatado. El primer signo de que estaba soñando lo puse yo sola, cuando divise un objeto animado a la distancia que apropié para mí. Los primeros meses fueron solo eso, sueños y el reflejo de su rostro en mi retina.

Cartas de amor guardadas en un cajón. Las noches se tornaron en horas de insomnio solo viendo un rostro sin nombre. Mientras buscaba definiciones de amor y enamoramiento, me preguntaba si era eso posible o si solo se trataba de un espejismo para resolver otras cuestiones pendientes. Ante la urgencia de tanto desorden mental, puse manos a la obra -siempre práctica- para resolver las cuestiones pendientes. Resueltas estas, el sueño ya no era de mi propiedad, venía a visitarme sin que yo le abriera la puerta, irrumpía sin permiso a cualquier hora del día.

Los juegos de seducción nunca fueron el fuerte de esta mujer, que se ha manejado por la vida con la cabeza demasiado gacha y los saludos demasiado cortos para ser notada su presencia entre la multitud.

De alguna manera me las arreglé para no quedarme con la duda y hacer el sueño tangible y real, con dificultades, cuantas, muchas, demasiadas. Con alegrías y risas, pasión, celos y vorágine, y luego más complicaciones. Meses queriendo tirar la toalla, meses queriendo levantarla, incertidumbre, las dudas que desaparecían solo parían otras dudas nuevas.

En el camino, mientras mantenía el resto de las cosas en piloto automático, me iba conociendo con otras reacciones nunca manifestadas por mi persona. Y, es que a veces somos lo que el otro genera en nosotros.

El amor, cuando se vive como tal, es así, te da vueltas y de hace replantear absolutamente todo, llorar a cualquier hora y reír a cualquier otra. Te revuelca en la arena húmeda y hace que de pronto desaparezcas de la faz de la tierra solo para vivirlo. Y quien dice, que no se pueda vivir algún tiempo más así, deseando y proyectando, creciendo y planificando, volviendo de a poco a la normalidad de las cosas que arrastramos con nosotros, pero no tanto como para no perder la fragancia de la flor encontrada.

Un día hice un alto a mitad de camino para poner en orden mis sueños. Puse imagen sobre imagen lo que deseaba para mi vida, mucho aire, mucho mate, compartir, mar y lagunas, viajes, hojas de otoño, la madre con sus hijos, la tarea que se hace con placer, la felicidad dibujada en una sonrisa, la cama compartida, las sonrisas espontáneas, las notas dejadas sobre la mesa, la mano que toma a la otra junto a una lapicera, una reposera, una casa antigua. Era como un pach work de imágenes sobre fondo naranja, que siempre me pareció tan energizante.

Hoy el poster de imágenes está en muchos lugares por los que paso. Lo miro todos los días y lo sueño todos los días. Junto a él quedaron algunos deseos escritos junto al brindis, deseos de felicidad siempre… porque el resto amigos, llega solo.

“Querido señor: hoy ha pasado ya un tiempo desde que miré sus ojos frente a los míos por primera vez, sin imaginar que podría tener más adelante esa mirada sobre la mía una mañana cualquiera de verano. No sé si el camino por delante lo transitaremos juntos o esta es otra de esas estaciones en donde uno para a aprender de otra persona. En tal caso nunca será tiempo perdido. Los sentimientos tienen su cauce y desembocan en el río colorado, espeso y fresco en donde se reflejan mi alma y la suya.”

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